Hajj Amin Al-Husseini, sostén del Eje y precursor del antisemitismo


imageLa historia de las intensas y complejas relaciones que mantuvieron el Gran Mufti de Jerusalem Hajj Amin al Husseini, jefe espiritual de los musulmanes palestinos y el lider nazi Adolf Hitler entre 1934 y 1935 representa uno de los hechos de trasfondo político religioso más interesante y menos conocido de aquellos tiempos.

Los motivos que impulsaron a la más alta y venerada personalidad religiosa del Medio Oriente a unir sus propios destinos a los del dictador alemán y en general a las fuerzas del Eje, suscitan aun una indudable curiosidad, abriendo las puertas a un debate que, en el actual contexto político internacional caracterizado por el recrudecimiento del extremismo islámico antisionista y antioccidental, asume un valor aun mayor. El compartido sentimiento que se tradujo en un programa antisemita y la comun aversión hacia los judíos fueron los elementos que hace más de sesenta años cimentaron un acuerdo político y militar entre el nazismo y el Movimiento Arabe del Gran Mufti. Una alianza de la que todavía, por muchos años, poco se ha dicho y escrito, al menos en Italia; tal vez a causa de un malentendido sentido de protección y respeto por la justa “causa palestina “.

Que el Gran Mufti de Jerusalem alimentaba muchas simpatías por la ideología antisemita es cosa sabida, pero mucho menos lo son los documentos y cartas que testimonian de manera clara e inobjetable, el objetivo orientado por Amin al Husseini y el jefe del nazismo para crear un articulado y vasto programa de exterminio y lucha armada contra la comunidad judía internacional, y contra las democracias occidentales, un plan del cual bajo ciertos aspectos, el “príncipe del terror”, Bin Laden parece haber tomado mas de algunas puntos. Ahora gracias a los esfuerzos de un grupo de historiadores israelíes y estadounidenses y a los testimonios surgidos de los archivos secretos del Tercer Reich, del gobierno americano, ingleses y ex soviéticos, es posible reconstruir con exactitud la trama y el contenido de uno de los más perversos complots de matriz racista y terrorista que se hubieran a proyectado en el curso del Siglo XX.

Después de años de indagaciones y estudios, los investigadores del Instituto Simon Wiesenthal de Los Angeles lograron hacer surgir de los archivos del contra espionaje norteamericano buena parte de la correspondencia secreta y de los diarios personales del Gran Mufti de Jerusalem y un cierto número de cajas que contenían una voluminosa masa de documentos (en lengua árabe y alemana) sacando a la luz este caso tan complejo en su totalidad. Después de la caída del Muro de Berlin, los estudiosos israelíes y estadounidenses ( apoyados también por la información provista por colegas ingleses, rusos y serbios) han de hecho pasado por un cedazo todo el material y los testimonios relativos a la actividad de Husseini y de los grupos árabes que, a caballo de los años treinta y cuarenta, colaboraron activamente con los nazis. En la documentación se hace referencia a los numerosos dossiers redactados entre 1936 y 1945, de la Kripo (la Policía Criminal nazis) de la Gestapo, de la Sección Mesoriental, de la Abwehr (el Servicio Secreto Aleman bajo el mando del Almirante Wilhelm Canaris) del Departamento de Asuntos Islámicos y del “Centro de Adiestramiento de Elementos Musulmanes” de las Waffen SS (puesto a la directa dependencia de Heinrich Himmler) del “Comando de Operaciones de Oriente” de la División Especial Brandeburg; del organismo dirigido por el general Helmut Felmy (encargado de enrolar en la Wehramcht voluntarios mesoorientales, norafricanos, y también transcaucásicos y ruso asiáticos) y del Arab Bureau del director de Asuntos Extranjeros Joachim von Ribbentropp.

El antisemitismo como razón de vida

imageAmin al Husseini (llamado también Al-Haji Amin) nació en 1897, en Jerusalem, de una familia muy religiosa que desde la más tierna edad educó al hijo según los más rígidos preceptos islámicos. Después de haber cursado sus primeros estudios en su ciudad natal, Amin prosiguió estudiando en el Cairo, desde donde fue a Estambul.

En 1910, entra en el ejército otomano, siendo asignado a una escuela de artillería. Parece ser que después de haber intervenido en las Guerras Balcánicas, Husseini había completado su preparación cultural y religiosa en una escuela coránica. Desde muy joven, Amin mostró simpatías en el enfrentamiento del Movimiento Arabe que encabezaba el líder de La Mecca, Hussein, uno de los más importantes vasallos de la Sagrada Puerta. En 1914, a continuación de su relacionamiento con los servicios secretos ingleses con base en el Cairo y a la ayuda prometida por el Foreign Office de Londres y el Comando Supremo del Ejército inglés en Egipto, comienza a proyectar una revuelta nacionalista árabe con el intento de liberar la región del Hegiaz, la ciudad santa de Medina, La Meca y Jerusalém del yugo otomano.

Entre 1914 y 1918, Amin al Husseini sigue y participa con interés en la lucha librada contra los turcos, colaborando y dando su apoyo a la causa a través de actividades secretas de espionaje. En marzo de 1920, participa en el Congreso Panárabe de Damasco que proclama la independencia de Iraq bajo el rey Abdullah y de Siria bajo Feisal, uno de los hijos del Hussein de La Mecca. En el mes de abril, Amin al Husseini adhiere a la organización de una revuelta antijudía en Palestina (región puesta bajo el Mandato Británico) y luego de la creación de la Haganah (la organización armada de autodefensa judía) contribuye a fundar diversas bandas terroristas antibritánicas, comenzando al mismo tiempo a planificar una estrategia para “eliminar fisicamente a todos los elementos sionistas del territorio mesoriental”. En mayo de 1921, Husseini fomenta nueve manifestaciones antisionistas, poco después es nombrado Gran Muftì de Jerusalem, el más alto cargo religioso del Islam adquiriendo rápidamente gran prestigio y poder. En 1925, favorece secretamente la creación de la Asociación Armada Arabe dirigida por el fundamentalista sirio Izz al-din Qassam. En agosto de 1929, Husseini da su bendición a una de las mas violentas persecuciones antijudías con el objeto de limitar el derecho de oración de los judíos en el Muro de los Lamentos de Jerusalem y las visitas a la Tumba de los Patriarcas en Hebron, Husseini subleva nuevamente la población musulmana, contribuyendo, entre otras cosas a la eliminación de la comunidad judía secular de Hebron.

En 1931, el Gran Muftì apoya la creación del Partido Arabe por la Independencia, un alineamiento donde reclama a grandes voces la unión político-religiosa entre Palestina y Siria, región puesta bajo mandato francés. En 1933, después de la llegada al poder de Hitler en Alemania, Husseini confia a sus discipulos y colaboradores que puede “visualizar un nuevo, radiante futuro”, y predice ” el advenimiento de una nueva era de libertad para los musulmanes de todo el mundo.” Galvanizado por los resultados de la represión antijudía en los actos de los nazis, el Gran Muftì, que ahora ahora está avalado por un gran número de seguidores, desencadena nuevas revueltas en Jaffa, Haifa e Nablus.

El 21 de Julio de 1934 el Muftì de Jerusalem da el paso decisivo. Con el objetivo de establecer un estrecho contacto de colaboración con el nazismo, se encuentra con el nuevo cónsul general aleman en Palestina, Döhle. En el curso del encuentro que según él fue “muy cordial y provechoso”, Husseini confirma su incondicional apoyo a la Alemania de Hitler, preguntando al diplomático “hasta que punto el Tercer Reich estaba dispuesto a sostener el movimiento árabe contra los judíos”. Habiendo recibido vagas afirmaciones sobre el asunto, en 1936, Amin al Husseini envía algunos de sus colaboradores a Berlin para “producir amigables contactos con los jefes del movimiento nazi”. Al mismo tiempo, en Palestina, proclama la lucha armada contra la comunidad judía y las fuerzas de ocupación inglesas, confiando la dirigencia de la revuelta a Fawzi el Kawakij. Este último, en 1941, sostendrá junto al mismo Mufti el fallido golpe de estado antiinglés del lider nacionalista iraquí Rashid Alí y sucesivamente en 1948, guiará las tropas árabes irregulares contra el recién nacido Estado de Israel.

Luego de la campaña de desórdenes de 1936, Husseini incita a los musulmanes fundamentalistas a atacar también las facciones moderadas islámicas causando (según fuentes británicas) no menos de 4.000 muertos.

Informado de la revuelta por el cónsul aleman, el ministerio de asuntos extranjeros y jefe de las Waffen SS decidió prestar mayor atención a la actividad del Mufti y de sus seguidores, pero manteniendo frente al mundo islámico una actitud de profunda desconfianza. En septiembre de 1937, dos jóvenes oficiales de las SS, Adolf Eichmann (que se convertirá rápidamente en el coordiandor de la “Solución Final”) y Herbert Hagen, fueron enviados a Jerusalem para intentar sondear el nivel de confiabilidad del Muftì y de sus colaboradores y , eventualmente, encontrar un modo de cooperación más concreto en el plano político militar. Las órdenes de Hitler estaban dirigidas a intensificar las relaciones entre el nazismo y el islamismo radical, pero también de proceder con absoluta cautela. Pues aunque juzgaba que era muy interesante la oportunidad de enganchar al carro nazi un elemento de prestigio como lo era el Gran Muftì, el Führer – que no escondía su desprecio no solo por los judíos, sino por toda la raza semita – no deseaba, al menos por el momento, provocar una crisis mesoriental de consecuencias imprevisibles. Mientras los dos agentes alemanes se aprestaban a partir para Palestina, las autoridades militares inglesas, que ya hacía tiempo que indagaban sobre las actividades subversivas del Gran Muftì, expidieron una orden de captura contra Amin al Husseini, obligando a éste a darse a la fuga. Todavía una vez más cuando se reunieron en Haifa, Eichmann y Hagen se arriesgaron igualmente a contactarlo. Las charlas secretas entre los dos agentes y el Gran Muftì se revelaron muy prometedoras.

Finalmente, Eichmann ofreció a Husseini la protección de los servicios secretos alemanes y la provisión de dinero, armas, municiones y explosivos a cambio del apoyo en la lucha al lado de Alemania, para destruir al “demonio sionista” pero también para destruir los fundamentos del dominio anglo francés en Medio Oriente. Husseini no opuso ninguna dificultad, declarándose “feliz de cooperar para el triunfo de una justa causa” y prometió hacer lo más posible, convocando también a los líderes de la comunidad musulmana de Siria,Transjordania, Libano e Iraq.

En 1938, segun el archivo de Wiesenthal, el nombre en código del Gran Muftì estaba ya registrado en el libro de pagos de la Abwehr II. Hacia fines del mismo año la Abwehr II planifica un programa para enviar a Palestina, naves bajo banderas neutrales, algunas provisiones de armas y municiones destinados a las fuerzas de Husseini. Por motivos de seguridad la carga debía ser desembarcada en un puerto de Arabia, probablemente Gedda. A último momento, sin embargo, las operaciones fueron suspendidas. Se supone que Hitler, ya comprometido en España, con la Legión Cóndor, al lado del general Franco, y próximo a anexionar Bohemia a Alemania, prefería evitar abrir otro frente con Inglaterra, cuyos servicios secretos, entre otros, estaban ya al tanto de las relaciones entre los nazis y el Gran Muftì.

En septiembre de 1939, a la mañana siguiente de la invasión alemana a Polonia, Amin al Husseini hizo una declaración pública, dando un explícito apoyo al “digno y valiente guerrero Adolf Hitler” incitando “a los musulmanes a tomar las armas al lado de la Alemania nazi”. A comienzos de 1941, desde los micrófonos de una emisora secreta, el Gran Muftì invoca “Izz al-din Qassam”. Pero como todavía no gozaba de la protección alemana y temiendo ser arrestado por los ingleses, hacia fines de 1940, Amin al Husseini decidió huir a Iraq y moverse por cuenta propia, utilizando el dinero que entretanto le había enviado la Abwehr. Gracias a estos recursos, comienza a apoyar al partido nacionalista iraquí de Rashid Alì (que por otra parte controlaba buena parte del ejército) fuertemente opuesto a los ingleses y a los judíos. Y así la Mesopotamia se convierte en el banco de pruebas de la organización puesta en pie por el Muftì con los marcos alemanes. Rashid Alì, que está esperando el mejor momento para desencadenar la revuelta antibritánica, acoge a Husseini como un hermano y lo esconde en un refugio secreto, permitíéndole operar en maniobras de propaganda distractivas. Entre fines de 1940 y el inicio de 1941, muchos funcionarios iraquíes establecieron relaciones de cooperación secreta con el ahora fantasmal Muftì que, con mucha habilidad, continuamente elude la búsqueda de la policía y del ejército inglés presentes también en Iraq. En abril de 1941, el Movimiento revolucionario de Husseini se consolida, comenzando a recibir subvenciones en dinero también de Italia, de Arabia Saudita y Egipto.

En su refugio secreto subterráneo (situado parece entre Bagdad y Mosul), protegido por los complacientes militares iraquies, el Muftì lleva una vida extremadamente cómoda. Disponía de un edificio muy bien protegido dotado de líneas telefónicas, de una potente estación de radio, de servicios y de un amplio surtido de armas, municiones, víveres y medicinas. Junto a él trabajaban al menos una docena de fieles colaboradores y disponía además de una guardia personal, casi todos provenientes del ejército iraquí. En la primavera de 1941, Rashid Alì, apoyado por el ejército nacional y las células de Husseini, dió comienzo a la revuelta antibritánica. Rashid Alì obliga al primer ministro iraquí, el filo-inglés Nuri Said Pasha, a presentar su renuncia; luego ordena a sus tropas cerrar los grifos del largo conducto que unían los campos petrolíferos mesopotámicos al puerto de Haifa y rodear las escasamente vigiladas bases aeronáuticas del ejército inglés.

Contemporáneamente, el Muftì lanza, mediante un mensaje radial, la jihad (la guerra santa) contra Inglaterra. No obstante el fulminante golpe de la operación del Golden Square o “Bloque de Oro” (el brillante nombre en código con que Rashid había querido bautizar su insurrección) la maniobra se revela sin embargo, intempestiva y muy mal organizada.Tal vez porque Rashid Alì y el Muftì no pusieron al corriente de sus intenciones al Abwehr sobre sus movimientos y en segundo lugar porque las fuerzas armadas ítalo-alemanas, en guerra contra los ingleses en Grecia, no estaban en posición de intervenir con la necesaria celeridad y penetración en Medio Oriente. Hitler y Mussolini, de hecho no podían enviar a los iraquíes rebeldes más que alguna docena de consejeros, menos de 50 aviones de transporte y combate, y como un aporte del complaciente gobierno francés de Vichy, un solo convoy ferroviario cargado de armas y municiones provenientes de Siria. Para completar el fracaso, se vió luego que el comando del ejército iraquí, evidentemente inepto, no se arriesgó a eliminar a los pocos oficiales ingleses que en el período de diez días, fueron socorridos por un fuerte cuerpo expedicionario proveniente de Egipto y de la India. Consolidada nuevamente su presencia en el territorio mesopotamico, los ingleses sofocaron la revuelta nacionalista iraquí y obligaron a Rashid Alì y al Muftì a huir. Este último, cercado por los británicos, se arriesgó a ir hacia el norte del país de donde gracias al dinero y la ayuda de los rebeldes musulmanes, pasó a Iran y luego a Turquía. En Estambul, junto a Amin al Husseini se puso en contacto con algunos agentes alemanes que le ayudaron a refugiarse en Alemania.

Hacia mediados de noviembre de 1941, el Muftì llega a Berlin, donde es recibido por Eichmann. Este lo lleva a las oficinas de asuntos políticos donde fue interrogado por algunos altos oficiales de las SS sobre el fracaso del Golden Square. Husseini no tiene ningun problema en adjudicar toda la culpa del desastre a la “quinta columna judía que operaba en Iraq”, sosteniendo que un apoyo más concreto y solícito por parte de las fuerzas del Eje, habría evitado, probablemente el grave desastre. La poco feliz observación del Muftì irritó no poco a los alemanes, arriesgando la posibilidad de futuros planes de colaboración árabe-nazi. No obstante, Eichmann entra en una habitación y convence al Führer de la necesidad de continuar brindando confianza y apoyo a estos aliados. El 20 de noviembre de 1941 el ministro de Asuntos Exteriores aleman, Joachim von Ribbentrop, recibe al Gran Muftì, y en aquel encuentro se pusieron las bases para la posterior entrevista con Hitler.

La trascripción de la larga conversación entre el Muftì y Hitler fue puesta a disposición de Husseini en mayo de 1945, en una villa cercana a la capital alemana, y llevada de los archivos de los servicios secretos estadounidenses a los de las Naciones Unidas, donde permanece bien custodiada y curiosamente, nunca publicada. Entrevistado sobre este tema por el cotidiano Hadashot, el historiador y orientalista israeli Zvi Alpeleg ha afirmado que la existencia de este documento (sacado a la luz hace pocos años, gracias a las investigaciones de los hombres de Wiesenthal) era conocida desde hace algun tiempo.Tanto que, en enero de 1946, por una fuga de noticias, el cotidiano norteamericano New York Times publicò un artículo sobre el tema, cuyo contenido fue desmentido por algunos gobiernos árabes, como Siria e Iraq.

Sobre este mismo caso en esa época, y por noticias siempre provenientes de la prensa norteamericana, el mundo vino a enterarse de que el gobierno de Damasco y del Cairo, con la complicidad de la Union Soviética, habían dado refugio a algunos “consejeros” provenientes de las filas de las SS y de la Gestapo. Según el título de una crónica, y nunca probado, en los años cincuenta, la Unión Soviética había proporcionado al Estado Mayor del ejército del dictador egipcio Nasser otra “partida” de “consejeros” nazis (entre ellos físicos y químicos ,expertos en misilística, en armas químicas y bacteriológicas) para poner a punto armas balísticas dotadas de cabezas atómicas, un gas o virus, para utilizar contra Israel. Todavía en 1966, esta vez según fuentes francesas e israelíes, el anciano Amin al Husseini introdujo secretamente en el Líbano y en Iraq otros “técnicos” ex-nazis que había conocido durante su larga estadía en Alemania.

imageEn el encuentro del 22 de noviembre de 1941 entre el Gran Muftì y Adolf Hitler que duró casi una hora y media el Gran Muftì declaró que “los árabes debían ser considerados amigos naturales de Alemania. . . y que “ellos estaban listos para convencer a todos los musulmanes que vivían en Africa del Norte, en la Europa ocupada y en Rusia ” a enrolarse en una Legión Arabe Especial (la Freies Arabien) al servicio de la causa comun antisionista y antioccidental. “En esta gigantesca lucha, los árabes lucharán también para expulsar a los anglofranceses del Medio Oriente y para crear las bases de un gran Estado Arabe Unido, comprendiendo Palestina, Siria, el Líbano,Transjordania e Iraq”. Por su parte el Führer (que rápidamente le manifestó a Rashid Alì, que no se fiaba para nada de la capacidad organizativa y militar de los jefes árabes) aseguró que “Alemania estaba decidida a requerir a las naciones que eran sus aliadas(Italia, Rumania,Hungría,Bulgaria, Croacia, Eslovaquia y Finlandia) su efectiva contribución a la resolución del problema judío ”no consideraba todavía oportuno “dirigir una apelación similar a los pueblos de Medio Oriente y a los iraníes demasiado estrechamente controlados por las fuerzas inglesas y soviéticas” amargado por las declaraciones del Führer, Amin al Husseini trató en los meses sucesivos de persuadir a Hitler y a Mussolini para que suscribieran un documento oficial por el cual “Alemania e Italia se ocuparían en un breve lapso de tiempo, a intervenir militarmente en Medio Oriente para ayudar a los musulmanes a expulsar a los ingleses”. Declaración que los dos dictadores no firmaron porque por el momento resultaba técnicamente inviable. El Führer prefería realizar algunas eventuales acciones en la región en una fecha posterior a la conquista del Cáucaso y del Valle del Nilo por parte de las fuerzas del Eje.

Amin al Husseini debía por lo tanto conformarse. “En espera de la conquista por parte de los aliados italoalemanes del frente egipcio y caucásico -anotò en su diario– a los musulmanes no les corresponde más que ponerse a disposición de Alemania, participando de la destrucción de los sionistas en Europa”.

imagePara contentar a Husseini, en 1942 los alemanes lo pusieron al frente de la direcciòn de la Oficina Arabe: un ente controlado por las SS del cual se esperaba que cumpliese con la tarea de hacer propaganda antisemita y favorecer el enrolamiento de musulmanes en la Legión Arabe, de la que se ha dicho que fue constituída por Himmler expresamente para cooptar elementos bosnios y albaneses. Estos últimos fueron a formar la 13ma Division de Montaña SS Handschar y la 21ma Division de Montaña Kanderbeg, utilizando una divisa de combate bastante parecida a las usaban en las secciones análogas de los alemanes. Como signo distintivo usaban el fez colorado en la cabeza y también utilizaban curiosos gallardetes con el dibujo de una cimitarra islámica. Es de notar que no obstante el desprecio personal que Himmler mantenía hacia todas las religiones, les concedió a los voluntarios musulmanes de las dos divisiones la posibilidad de mantener una dieta especial vinculada a los preceptos musulmanes, de rezar públicamente según los rituales observados por ellos y la autorización para festejar y observar las fiestas y ayunos impuestos por el Corán.

Situado no lejos de Berlin, el cuartel general del Mufti, controlaba una extensa red de colaboradores tanto en Europa como en el resto del mundo. Esto de hecho extendía su autoridad a todo el Medio Oriente y al Norte de Africa, pero también sobre regiones asiáticas más lejanas habitadas por minorías islámicas. Entre 1942 y 1944, el Gran Muftì trabajó intensamente, obteniendo el enrolamiento en la Legión Arabe y en las Divisiones Waffen SS de muchos hombres. Gracias a su reiterativa propaganda, trasmitida por potentes estaciones de radio puestas a su disposición por los alemanes y mediante viajes frecuentes, decenas de millares de musulmanes balcánicos fueron a formar parte de las nuevas divisiones de Himmler. Esta unidad, conocida ràpidamente por su ferocidad, fue empleada en los Balcanes en acciones antipartisanas y en la búsqueda de judíos y gitanos. En 1941, no menos de 50.000 musulmanes de varias regiones integraban varias divisiones de las SS o en divisiones especiales alemanas.También se hallaban en la Legión Arabe ( la unidad sobre la cual el Muftì contaba a muchos que los consideraba el elemento constituyente de su futuro ejército) que no llegó nunca a superar los efectivos de cualquier batallón. La unidad, contrariamente a las expectativas de los alemanes puestas en ella, les causó una gran desilusión por el bajo nivel disciplinario y por su actuación en las misiones bélicas.

imageEn el curso del conflicto, resultó muy intensa la acción diplomática desarrollada en torno a la figura del Gran Muftì. Entre 1942 y 1944, efectuó diversos viajes por Europa, llegando a las regiones habitadas por núcleos musulmanes (Bosnia, Kosovo, Albania) para constatar la fidelidad al Reich, creando relaciones de amistad y cooperación también con los jefes de los movimientos parafacistas croatas y serbios con los que tenía en común un profundo odio hacia los judíos y las democracias occidentales. No solo parece que en 1942 había tomado contacto con el gobierno de Tokio, a través de la Embajada japonesa en Berlin, parece ser que el Ministerio de Guerra japonés quería contar con la colaboración del Mufti y sus seguidores que integraban los ejercitos para lograr la rebelión de musulmanes de la China centro occidental que debían levantarse contra Chiang Kai Shek y Mao Tse Tung y extender ese levantamiento a la aún más numerosa comunidad musulmana de Indonesia y de las islas meridionales de Filipinas. En su tarea de propaganda dirigida a las poblaciones musulmanas a favor de las tropas del Eje, el Mufti utilizó las numerosas y eficientes emisiones de las radios alemanas, pudiendo contar en 1942 con 6 estaciones. Pero Husseini amaba mucho más hablar delante de las grandes multitudes. En cada caso, hoy sabemos como poner las cosas en su justo lugar y sobre todo, hoy somos técnicamente capaces a un grado tal que podemos eliminar de la faz de la tierra a todos los judíos.

Entre 1941 y 1943, el Muftì y los servicios secretos alemanes enviaron a Marruecos, Argelia, Túnez, Egipto, Palestina, Siria y Transjordania un gran número de panfletos y de material propagandistico antinglés y sobretodo antisionista.También cuando la armada del Reich debió abandonar las estepas rusas y Africa del Norte, retrocediendo siempre hacia las fronteras alemanas,Husseini continuò luchando, lanzando mensajes a las poblaciones mesoorientales, africanas y a las minorías árabes residentes en Asia y en los Estados Unidos, incitando al combate contra el demonio sionista y plutocratico. El 1° Marzo de 1944, en el curso de la enésima trasmisión radiofónica, el Muftì demostró su odio inmutable en su enfrentamiento con los israelitas: “Arabes! Levántense como un solo hombre y combatan por vuestros sacrosantos derechos. Maten a los judíos donde los encuentren. Matándolos hareis una cosa grata a Allah”.

Pero el nazismo perdió la guerra, El Mufti fue capturado en abril de 1945, en una pequeña ciudad de Alemania Occidental por las tropas estadounidenses, Al Husseini fue transportado a una cárcel francesa de donde logró evadirse en 1946, refugiándose primero en El Cairo y luego en Beirut, en el Líbano. En esta ciudad dedicó el resto de su existencia a elaborar planes y estrategias a fin de destruir la raza judía y al Estado de Israel, con inmutable odio y perseverancia, sosteniendo material y moralmente a todos los enemigos del sionismo.

Venerado por los jóvenes y líderes del terrorismo islámico, el ex Gran Mufti de Jerusalem Amin al Husseini murió en la capital libanesa el 4 de julio de 1974.

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