La desnazificación alemana: procedimientos y secuelas para vivir dos veces lo mismo


La Alemania nacionalsocialista fue derrotada el 8 de mayo de 1945, y con la llegada del cese de las operaciones militares se puso de manifiesto que era necesario reformar una sociedad que había sido dominada por la ideología nazi. En 1946, el Comité de Control Aliado inició el proceso de desnazificación que fue adjudicando responsabilidades y dictando condenas.

imageOtro asunto mucho más complejo es enfrentarse a la culpa colectiva que en determinados casos no admite juicios demasiado tajantes. De ello trata, precisamente, The Reader (El lector), una película de Stephen Daldry que aborda esta inquietante cuestión.

Se da por sentado que en la Alemania de la Segunda Guerra Mundial había un conocimiento generalizado del Holocausto entre la población alemana en forma de ‘secreto a voces’ del que nadie se atravía a hablar. La SS tenía aproximadamente 900.000 miembros en 1943. La red nacional alemana de ferrocarril empleaba a más de un millón de personas de los que muchos habrían intervenido en el gigantesco dispositivo ferroviario que transportó a millones de deportados en vagones de carga abarrotados a través de Alemania con destino a los campos. Otras organizaciones con miles de integrantes, del servicio civil alemán directamente participaron en el mantenimiento de los campos y miles de burócratas de media y baja categoría, debieron de estar al corriente de lo que estaba sucediendo. Como dice un estudiante de derecho en la película “Había miles de campos… todo el mundo lo sabía.

imageCuando acabó la guerra en 1945, un consenso aliado concluyó que todos los alemanes compartían una parte de la culpa no sólo por la guerra en sí, sino también por las atrocidades comitidas por los nazis.

Basta saber que el NSDAP tenía casi 9 millones de afiliados en 1945 para una población alemana que rondaba los 46 millones de habitantes, por lo que a nada que cada miembro del Partido nazi tuviese tres familiares, tendríamos a la mitad de la,población al corriente de los ‘rumores’ que llegaban de los campos del Este.

“Hay que enseñar al pueblo alemán su responsabilidad por la guerra, y durante mucho tiempo deberían tener solo sopa para desayunar, sopa para comer y sopa para cenar” Franklin D. Roosevelt

Declaraciones realizadas por el gobierno británico y estadounidense, antes e inmediatamente después de la rendición de Alemania, disponían que se debía responsabilizar a toda la nación alemana por las acciones del régimen nazi, a menudo utilizando términos como “la culpa colectiva” y “la responsabilidad colectiva”. Hasta el presidente Harry S. Truman reconoció la dificultad de distinguir entre los que estaban al mando de aquellos menos culpables y de aquellos que simplemente hicieron la vista gorda.

En una carta a un senador de Estados Unidos, explicó que aunque no se pudiera culpar a todos los alemanes de la guerra, sería difícil separar, de cara a una ayuda humanitaria, a aquellos que no habían tenido nada que ver con los crímenes del régimen nazi.

  1. No puedo sentir mucha simpatía por aquellos que causaron la muerte de tantos seres humanos por hambre, enfermedad y asesinato descarado, además de la destrucción normal y muerte de una guerra.” escribió el Presidente Truman.

imageCasi inmediatamente después del fin de la guerra, dio comienzo un rápido proceso de “desnazificación”, supervisado por ministros especiales alemanes con el apoyo de las fuerzas de ocupación de Estados Unidos.

Al mismo tiempo, los aliados, por medio del Cuartel General de las Fuerzas Expedicionarias Aliadas, comenzaron una campaña de propaganda masiva para inculcar un sentimiento de culpa colectiva a los alemanes.

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Prisioneros de guerra alemanes oblog adosa ver una película sobre los horrores de los campos de concentración

Se crearon editoriales de prensa y emisoras de radio para garantizar que todos los alemanes aceptaban la culpa por los crímenes nazis. En la campaña se usaron carteles con imágenes de las víctimas de los campos de concentración y textos que rezaban así: “¡Eres culpable de esto!” o “Estas atrocidades: ¡Culpa Tuya!” Desde 1945 a 1952, también se produjeron una serie de películas sobre los campos de concentración destinadas al público alemán incluidas “Die Todesmuhlen” y “Welt im Film No.5” cuyo objetivo era conducir a la “nación proscrita” al redil de la sociedad civilizada y la democracia. Muchos espectadores decidían apartar la cara ostensiblemente para demostrar que no querían ver nada de lo que se proyectaba. En el campo de concentración de Ettesberg, grupos de habitantes de la vecina localidad de Weimar eran guiados para que pudieran contemplar por sí mismos las montañas de cadáveres.

Tambien se organizó un gigantesco éxodo, tal y como se acordó en la Conferencia de Postdam del 17 julio al 2 agosto de 1945, para que  los alemanes residentes en Polonia, Checoslovaquia, Hungría y Rumanía debían emigrar a Alemania. LEER más en: El genocidio contra los Ausslandeutsche. La venganza.

El primer objetivo, la desmilitarización, fue aplicado con prontitud. Se prohibió celebrar tradiciones militares, realizar entrenamientos, exhibir medallas, condecoraciones y uniformes oficiales de cualquier tipo salvo los de policías y bomberos. Se prohibieron memoriales, monumentos, carteles, placas y estatuas que evocaran al ejército germano. Se requisaron de librerías y bibliotecas todos los ejemplares de libros que fomentasen la violencia y el militarismo. En la zona británica, todos los profesores que quisieran continuar en su trabajo debían comprometerse a no glorificar el militarismo, ni a preparar a sus estudiantes para la guerra.

imageLa desnazificación fue algo más complicada. El partido nazi tenía más de 8 millones de afiliados al finalizar la guerra, así que en las zona occidentales se distribuyeron 16 millones de cuestionarios políticos, los Fragebogen.

Se trataba de un documento de 12 páginas y 133 preguntas que debía responder cada ciudadano, explicando si había formado parte del NSDAP o de alguna otra organización nacionalsocialista, si les había votado, si había contribuido de alguna manera al régimen… etc. Según las respuestas se distinguía entre “culpable principal”, “comprometido”, “medianamente comprometido”, “simpatizante” y “exonerado”.

imageCada clasificación daba derecho a diferentes cartillas de racionamiento o acceso a puestos de trabajo.

Aunque pronto se encontraron con el problema de que en altos cargos de la administración había tal número de ex-afiliados al Partido nazi que no era posible realizar la purga sin colapsar el funcionamiento de la sociedad. Por otra parte, el concepto de culpa y de responsabilidad era también objeto de discusión filosófica. Karl Jaspers, un pensador que conoció de primera mano el Tercer Reich, afirmaba:

Bajo el régimen nazi, Alemania era una prisión. La culpa de haber ido a parar a ella era una culpa política. Sin embargo, una vez que se cerraron las puertas, dejó de ser posible una huida desde dentro. Cualquier responsabilidad, cualquier culpa atribuida a los encarcelados, —donde quiera que surja— debe inducirnos a plantear la cuestión de si había algo que los prisioneros pudieran hacer”.

Por su parte, el dirigente socialdemócrata Kurt Schumacher se mostraba indignado con la política Aliada:

No puedes imaginar el efecto espantoso que ha tenido en los alemanes opuestos al nazismo la campaña propagandística para imponer a nuestros compatriotas la ‘culpa colectiva’. Los hombres y mujeres de nuestro país que arriesgaron tanto en la lucha contra el nazismo y el mundo de los grandes negocios antes incluso de 1933, y que tras la toma del poder en un momento en el que las actuales potencias vencedoras seguían firmando tratados con el régimen de Hitler, trabajaban en la clandestinidad y eran encarcelados y recluidos en campos de concentración ¿deben reconocerse culpables? No tienen que hacerlo de ninguna manera”.

Así mismo, desde el comienzo de la ocupación Aliada se prohibió la exhibición de toda clase de símbolos nazis, desde esvásticas hasta el “saludo alemán” realizado con el brazo en alto. Se trata de una prohibición vigente hoy en día y parece que no muy conocida fuera del país, dado que cientos de turistas son detenidos cada año por fotografiarse en algún lugar emblemático de Alemania mientras bromean haciendo dicho saludo.

Pero no bastaba con castigar y señalar culpables, también había que reeducar en los valores democráticos. Tras 12 años de intenso adoctrinamiento del régimen de Hitler, ahora había que mostrar al pueblo alemán que la visión del mundo del nacionalsocialismo, por la que millones de sus compatriotas habían perdido la vida, era algo que debían aborrecer. La estrepitosa derrota militar ayudaba a ello, pero no era suficiente. Había que convencer a los alemanes para que resultara viable establecer un régimen democrático y no volvieran a invadir y aniquilar a sus vecinos. Tal como constató el investigador Eric A. Johnson, los más fervientemente nazis eran los más jóvenes, al fin y al cabo es lo único que habían conocido en sus vidas. Una anécdota que da idea de ello fue lo ocurrido en Augsburgo en 1946 durante una exposición de arte abstracto, considerado durante el nazismo como “arte degenerado”, indignó de tal manera a alguno de los asistentes, especialmente a los estudiantes, que lanzaron gritos pidiendo que se pegase un tiro al autor e incluso clamando enfurecidos: “¡Campo de concentración!”. Había que intervenir en el sistema educativo y en los medios de comunicación.

Una de las acciones más influyentes fue la fundación el 17 de Octubre de 1945 del periódico Die Neue Zeitung. Financiado por el ejército americano se trataba, literalmente, de “un diario estadounidense para la población alemana”. El comandante de los Aliados en el Frente Occidental y posterior presidente de Estados Unidos, Eisenhower, escribió una columna en la portada del primer número explicando que debía ser un medio para inculcar que “las ideas militaristas deben ser eliminadas de la mente alemana. Para todas las naciones civilizadas de la Tierra, la agresión es inmoral; sin embargo, los alemanes deben ser educados en esta verdad evidente”. Sus redactores eran en bastantes casos judíos que se habían exiliado a Estados Unidos unos años antes y ahora volvían de nuevo al país. Su propósito era convertir este periódico en un medio de calidad y dar voz a las mentes alemanas más agudas, para fomentar los valores del liberalismo político y del internacionalismo. Dado que el papel de periódico estaba restringido no había demasiada oferta, pero aún así la respuesta del público fue entusiasta. Para enero de 1946 ya alcanzó una tirada de 1,6 millones de ejemplares y más de 10 millones de lectores. Paradójicamente este medio llegó a ser en ocasiones muy crítico con Estados Unidos, pero dado que el fin último era promover la democracia y la libertad de expresión en Alemania, el gobierno americano continuó financiándolo pese a ello.

imageEn la zona soviética el interés no era el de instaurar un régimen de elecciones libres sino uno satélite de Moscú. Un joven que estuvo encarcelado durante el nazismo debido a su militancia comunista, de nombre Erich Honecker, fue puesto al frente de la organización que debía suceder a las Juventudes Hitlerianas, la FDJ, Juventud Libre Alemana.

Mientras que la Gestapo tuvo como sucesora a la K-5, que posteriormente sería llamada Stasi. Por su parte, el programa denominado GYA (German Youth Activities) que debían realizar las bases militares estadounidenses, consistía en clubes para jóvenes en los que se les daba chocolate, Coca-Cola, se les proyectaban películas de Hollywood, escuchaban música jazz y jugaban a deportes americanos, y hasta se celebraban fiestas foráneas como la del 4 de julio.

La postura del gobierno alemán de la postguerra

imageDe forma oficial, los aliados elogiaron la respuesta alemana ante sus crímenes de guerra.

El gobierno de la República Federal Alemana (Alemania Occidental hasta 1990) pidió perdón públicamente por el papel que desempeñó Alemania en el Holocausto. Los dirigentes alemanes a menudo expresaron arrepentimiento, más notablemente en 1970, con el gesto conocido como “Warschauer Kniefall” del antiguo canciller Willy Brandt, que cayó de hinojos frente al monumento al Holocausto en el gueto de Varsovia.

Alemania ha pagado indemnizaciones, incluidos casi 70 mil millones de dólares al estado de Israel y una suma adicional de 15 mil millones de dólares a los supervivientes del Holocausto, quienes seguirán percibiendo las indemnizaciones hasta 2015. El gobierno alemán llegó a un acuerdo con compañías que habían utilizado mano de obra esclava durante la guerra por el cual dichas compañías accedían a pagar mil setecientos millones de dólares a las víctimas.

imageAlemania también fundó el Museo Nacional del Holocausto de Berlín en el que se exhiben las propiedades expoliadas por los nazis.

La legislación prohíbe la publicación de obras de ideología nazi como Mein Kampf y contempla como delito negar el Holocausto, mientras que los símbolos como la esvástica y el saludo hitleriano están prohibidos. Además, el gobierno permite que Israel participe en la elaboración del plan nacional de estudios con la inclusión de la historia del Holocausto.

El tratamiento que Alemania deparó a los criminales de guerra y a los crímenes de guerra también cuenta con la aprobación generalizada.

El gobierno alemán ayudó a localizar a criminales de guerra para los juicios de Núremberg y abrió muchos archivos a los documentalistas e investigadores.

Además, Alemania confirmó más de 60.000 nombres de criminales de guerra al departamento de Justicia de Estados Unidos para impedir que estos entraran en el país y facilitó información similar a Canadá y al Reino Unido. (Por supuesto, no todos los criminales de guerra fueron llevados ante la justicia y muchos acabaron sus días viviendo más o menos tranquilos en otros países.)

A pesar de estas medidas, no obstante, Alemania ha sido criticada por no hacer lo suficiente para indemnizar a sus víctimas. El gobierno alemán nunca se disculpó por las invasiones ni asumió la responsabilidad por la guerra. El énfasis de la culpa a menudo recae en personas individuales como Adolf Hitler o el Partido nasí, en lugar de en el gobierno en sí, de modo que no ha habido devoluciones a ningún otro gobierno nacional por parte de Alemania. Incluso después de la reunificación alemana en 1990, Alemania siguió rechazando las demandas de indemnización de Gran Bretaña y Francia, e insistió en que el asunto estaba finiquitado.

Además, Alemania también ha sido criticada por esperar demasiado tiempo para buscar y devolver propiedades robadas a los judíos, una parte de la cual sigue todavía desaparecida.

Alemania negó el acceso durante décadas a los Archivos del Holocausto del Servicio de Búsqueda Internacional en la ciudad de Bad Arolsen, alegando, entre otros, el derecho a la privacidad. En mayo de 2006, tras 20 años de insistencia por parte del Museo del Holocausto de Estados Unidos, se anunció que se pondría finalmente a disposición de los historiadores y de los supervivientes millones de documentos.

Pero ¿qué sucede con la siguiente generación?

imageEl autor de la novela El lector, Bernhard Schlink, y sus contemporáneos alemanes se encontraban en una posición muy singular –estaban totalmente libres de culpa por los crímenes de sus padres pero habían nacido y crecido a la sombra de estas grandes atrocidades. El problema de cómo esta generación, y desde luego, todas las generaciones después del Tercer Reich, lidia con los crímenes de los nazis, es lo que Schlink llama “el pasado que nos marca y con el cual debemos vivir”. Y como dice un profesor de derecho en la película “lo que sentimos no es importante, lo único que importa es lo que hacemos

El guionista David Hare explica que El lector es la novela alemana más conocida que relata los años de la posguerra y el impacto que los nazis dejaron en los mismos alemanes. Muy poco de lo que se escribió sobre el impacto en la siguiente generación abordaba el tema de la culpa de haber nacido en ese momento y de haber heredado, aunque injustamente, un crimen atroz.

Schlink añade, “Todos condenamos a nuestros padres a la vergüenza, aunque de lo único que se les pudiera acusar fuera de haber tolerado la presencia de los criminales entre ellos después de 1945… El pasado nazi era un problema incluso para aquellos niños que no podían acusar a sus padres de nada, o que no querían”.

 

La vieja y la nueva Alemania

En la película The Reader (El lector), la relación de Hanna y Michael representa, en un microcosmos, el delicado equilibrio entre los viejos y los jóvenes alemanes de los años de la posguerra. El país luchaba por ponerse en pie, por reconstruir no solo sus casas, sus negocios y sus estructuras, sino también su carácter nacional. Michael representa a la Nueva Alemania y Hanna, a la Antigua. Por eso la diferencia de edad entre ellos es tan grande –y por eso necesitan estar distanciados por una generación entera. Hanna se muestra indiferente por el pasado; Michael está furioso y exige respuestas y pregunta: ¿Qué debería haber hecho nuestra segunda generación? ¿Qué debería hacer con el conocimiento de los horrores de la exterminación de los judíos?

No deberíamos creer que podemos comprender lo incomprensible, quizás prefiramos no comparar lo incomparable, quizás prefiramos no indagar, porque convertir el horror en el objeto de una pesquisa es convertir el horror en objeto de discusión, incluso aunque el horror en sí no se cuestione, en lugar de aceptarlo como algo ante lo cual uno solamente puede guardar silencio por asco, vergüenza o culpa. ¿Deberíamos solamente quedarnos callados por asco, vergüenza y culpa? ¿Con qué objeto?”.

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