La anexión alemana de Checoslovaquia, o la consecuencia de ceder ante el nacionalismo


 

El Pacto de Munich fue un acuerdo propuesto y firmado por Alemania, Italia, Francia y Gran Bretaña en la ciudad alemana de Munich el 29 de septiembre de 1938, y firmado al día siguiente, con el objeto de poner fin al conflicto germano-checoslovaco. El acuerdo resultante implicaba la aceptación por parte británica y francesa de las demandas territoriales de Adolf Hitler, consistentes en la cesión de los Sudetes, una región de Checoslovaquia limítrofe con Alemania en la que residía una importante minoría de población alemana que, alegando la discriminación que sufría por parte del gobierno checoslovaco, había iniciado un movimiento separatista fomentado desde Berlín, capital del III Reich alemán.

imageLas insistentes reclamaciones de Hitler sobre el territorio de los Sudetes en Checoslovaquia precipitaron una grave crisis en el verano de 1938.

Chamberlain no dudó en entrevistarse dos veces con el Führer en septiembre, tratando de garantizar una salida pacífica a la situación.

Finalmente, el 29 de septiembre se reunión en Munich una conferencia a la que asistieron Hitler, Mussolini, Chamberlain y Daladier.

Ni el gobierno de Praga, ni la URSS, que se había ofrecido a cumplir su acuerdo de asistencia mutua con Checoslovaquia en caso de un ataque alemán, fueron invitadas a la reunión.

Finalmente, endureciendo aún más sus posiciones, Hitler consiguió prácticamente todo lo que reclamaba: el gobierno checoslovaco debía evacuar las regiones con predominio de población germana según el censo austriaco de 1910 inmediatamente (1 a 10 de octubre era el plazo). Alemania se anexionaba así más de 16.000 kilómetros cuadrados, donde vivían 3.500.000 de personas, entre los que había más de 700.000 checos.

Aprovechando la indefensión checoslovaca, Polonia se anexionó el 2 de octubre el territorio de Teschen (240.000 habitantes de los que menos de 100.000 eran polacos) y Hungría se anexionó una importante franja de Eslovaquia y Rutenia (más de 1.000.000 de habitantes).

Francia y Gran Bretaña, tras permitir la desmembración del estado checoslovaco, se comprometían a defender las fronteras de lo que quedaba de ese estado

imageLa cesión de los Sudetes ya había sido acordada por los signatarios del Pacto en las negociaciones previas, que habían dado comienzo en agosto de 1938. Gran Bretaña y Francia, que deseaban evitar una nueva guerra a cualquier precio, cedieron ante Hitler a cambio de que éste se comprometiera a no exigir la soberanía sobre más territorios europeos. El primer ministro británico, Arthur Neville Chamberlain, confiaba en que estas concesiones alentarían a Alemania a establecerse como una potencia pacífica dentro de Europa. El Pacto, firmado por Chamberlain, el presidente del Consejo francés (primer ministro) Édouard Daladier, Adolf Hitler y el jefe del gobierno italiano Benito Mussolini, determinaba únicamente las condiciones bajo las cuales habría de realizarse la cesión.

Según este acuerdo, el 1 de octubre de 1938 era la fecha en la que debía comenzar la evacuación checoslovaca de la región de los Sudetes. La ocupación alemana de los cuatro distritos especificados se produciría en fases sucesivas desde el 1 hasta el 7 de octubre. El destino de otros territorios con población mayoritariamente alemana sería establecido por una comisión internacional formada por delegados de Francia, Alemania, Gran Bretaña, Italia y Checoslovaquia que también tendría que controlar el plebiscito que se celebraría en otras zonas en disputa. Asimismo se decidió que si las peticiones de las minorías húngaras y polacas no se hubieran satisfecho en tres meses, se convocaría una nueva conferencia. Gran Bretaña y Francia añadieron una cláusula adicional por la que se comprometían a garantizar el mantenimiento de las nuevas fronteras de Checoslovaquia ante posibles agresiones, condición que fue aceptada por el gobierno alemán.

También Polonia y Hungría consiguieron gran parte del territorio checoslovaco que ambicionaban. Al insistir en que la comisión internacional manejara los datos del censo establecido en 1910 por el Imperio Austro-Húngaro en lugar de los del censo checoslovaco de 1930, Alemania reclamó otras áreas pobladas mayoritariamente por checos.

imageAntes de abandonar Munich, Hitler y Chamberlain firmaron un documento en el que declaraban su deseo de garantizar la paz mediante la consulta y el diálogo. Daladier y Chamberlain fueron bienvenidos en París y Londres por multitudes eufóricas que les saludaban como salvadores de la paz. Chamberlain proclamó que traía “la paz con honor, la paz de nuestro tiempo“. La realidad pronto mostró a lo que había llevado la política de apaciguamiento de Chamberlain, en marzo de 1939, Hitler invadió lo que quedaba del inerme estado checoslovaco. Los acuerdos de Munich se convirtieron en el símbolo de la inutilidad de los esfuerzos por apaciguar a estados totalitarios expansionistas.

imageLos alemanes marcharon sobre Checoslovaquia en marzo de 1939 y la mayor parte del país pasó a constituir el protectorado alemán de Bohemia-Moravia, con lo cual quedó anulado el Pacto de Munich y Gran Bretaña comenzó a desconfiar de las intenciones de Hitler. Ante esta situación, Gran Bretaña optó por garantizar la integridad de las fronteras de Polonia. El 23 de agosto, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas firmó un pacto de no agresión con Alemania (el llamado Pacto Germano-soviético) con el fin de evitar una guerra y repartir las posibles áreas de expansión soviética y alemana según sus propias esferas de influencia. El 1 de septiembre, Hitler lanzó un ataque sobre Polonia confiando en que Gran Bretaña y Francia no intervendrían; sin embargo, ambos países declararon inmediatamente la guerra a Alemania, lo que marcó el comienzo de la II Guerra Mundial.

La política de apaciguamiento sostenida por los británicos y franceses, basada en la satisfacción de las demandas del régimen nacionalsocialista alemán para evitar un conflicto armado, no fue abandonada hasta que tuvo lugar la invasión de Polonia de septiembre de 1939. El Pacto de Munich ha sido considerado el símbolo por antonomasia de los peligros representados por una política internacional transigente ante expansiones totalitarias.

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