Política de pactos y alianzas durante la Segunda Guerra Mundial (1939-1945)


 

Se suele creer que cuando estalla una conflicto bélico la diplomacia pasa a un segundo plano o incluso desaparece. Nada más incierto. En lo que atañe a la Segunda Guerra Mundial las operaciones militares en los teatros de operaciones se desarrollaron paralelamente a multitud de contactos y negociados resumidos en pactos que irían condicionando la marcha de la guerra y sobretodo, determinarían el nuevo orden mundial tras la guerra.

El Eje

El Pacto Tripartito o Pacto del Eje constituyó el principal acuerdo diplomático entre las tres grandes potencias del Eje: Alemania, Italia y Japón.

imageTras la victoria alemana sobre Francia y, sobre todo, tras el ataque alemán a la U.R.S.S., diversos países europeos giran en mayor o menor medida hacia el bando del Eje.

En el occidente, la Francia de Vichy, pese a algunas dudas iniciales, se convirtió en un régimen colaborador de la Alemania Nazi.

imageLa España de Franco pasó por diversas fases en sus relaciones con Hitler y Mussolini y a punto estuvo de unirse a la guerra junto al Eje. Finalmente, tras la entrevista del Führer y el Caudillo en Hendaya esa posibilidad no se materializó, lo que no impidió que, tras el ataque alemán a la U.R.S.S., Franco enviara un cuerpo de voluntarios, conocida como DIvisión 250División Azul, a luchar contra la Unión Soviética junto a las tropas del Eje.

Las victorias de Alemania precipitaron diversos cambios territoriales en la Europa oriental. La presión de Hungría y Bulgaria sobre Rumania llevó al cojo ido como Arbitraje de Viena en agosto de 1940 en el que el gobierno de Bucarest se vio forzado a ceder dos tercios de Transilvania a Hungría y la región de Dobrudja a Bulgaria.

imageLa extensión de la guerra hacia los Balcanes precipitó la adhesión al Pacto Tripartito de Hungría, Rumania y Eslovaquia en noviembre de 1940 y en marzo de 1941 de Bulgaria.

Voluntariamente, como fue en gran medida el caso de la Hungría de Horthy y la Eslovaquia de Tiso, o por la fuerza como fue el caso de la invadida y desmembrada Yugoslavia, la región de los Balcanes se convirtió en la única zona donde el Eje halló aliados durante la segunda guerra mundial. De la fragmentada Yugoslavia nació la dictadura pro-nazi de Ante Pavelic en Croacia, uno de los regímenes más criminales de la región.

La llegada de las tropas soviéticas a los Balcanes sus avances hacia Alemania precipitaron rápidamente la derrota de estos satélites de Alemania. En septiembre, Rumania y Finlandia, que pese a no firmar ningún acuerdo formal con Alemania colaboró en su lucha contra la URSS durante la guerra, firmaron el armisticio, Bulgaria lo hizo en octubre y, finalmente, tras un largo asedio de las tropas del Ejército Rojo a Budapest, Hungría hizo lo propio el 20 de enero de 1945.

El 18 de octubre de 1944 las tropas guerrilleras de Tito entraban en Belgrado con la ayuda de tropas soviéticas. Yugoslavia volvía a reconstituirse tras la expulsión de las potencias del Eje.

imageEl gobierno imperial japonés proclamó en agosto de 1940 un objetivo: la creación de lo que de forma rimbombante definieron como “esfera de coprosperidad de Asia Oriental”.

Se trataba de crear una asociación de estados de Asia y del Pacífico bajo la hegemonía japonesa. Ese proyecto expansionista jugó la baza del anticolonialismo y bajo el eslogan de “Asia para los asiáticos” trató de conseguir el apoyo de las poblaciones sometidos al colonialismo europeo. La respuesta fue, sin embargo, bastante débil ya que a menudo la opresión japonesa fue aún más brutal que la de franceses, británicos u holandeses. El único país que apoyó a Japón fue Tailandia (la antigua Siam) donde un gobierno dictatorial firmó un tratado de no agresión con Japón en junio de 1940 del que se aprovechó para obtener algunas ventajas territoriales en sus zonas fronterizas. Sin embargo, posteriormente tropas japoneses penetraron por la fuerza en el país forzando la firma de un Tratado de Alianza con Japón, con la subsiguiente declaración de guerra contra Gran Bretaña y Estados Unidos.

El resto de los territorios asiáticos y del Pacífico que en algún momento de la guerra colaboraron con el gobierno de Tokio estuvieron siempre bajo el dominio y control militar nipón. Japón no fue capaz de construir alianzas en su lucha contra los Aliados.

La Conferencia de Teherán, la Gran Alianza

imageLas agresiones de las potencias del Eje terminaron por configurar lo que se vino a denominar la “Gran Alianza” entre el Reino Unido, la Unión Soviética y Estados Unidos, materializada durante la Conferencia de Teherán. Esta alianza se personificó durante gran parte de la guerra en tres figuras: el primer ministro británico Winston Churchill, el dictador soviético Stalin y el presidente norteamericano Franklin Delano Roosevelt.

Esta alianza entre países que representaban sistemas político-económicos diferentes y enfrentados fue determinada por los avatares del conflicto. Stalin, quién no había dudado en firmar un pacto de no agresión con la Alemania nazi en agosto de 1939, intentó desde un principio aprovecharse de ese pacto para obtener ganancias territoriales: en el verano de 1940 anexionó a la U.R.S.S. las repúblicas bálticas, Estonia, Letonia y Lituania, y las regiones de Besarabia y Bukovina del norte pertenecientes a Rumania. La población de la U.R.S.S. aumentó en menos de un año en 23 millones de habitantes.

Durante un año, el que medió entre la derrota de Francia y la invasión germana de la Unión Soviética, el Reino Unido fue la única potencia que plantó cara al expansionismo hitleriano.

imageChurchill fue muy consciente desde un principio de la necesidad de la ayuda de Estados Unidos para hacer frente a la amenaza alemana. Recién nombrado primer ministro, envió un telegrama a Roosevelt solicitando “el préstamo de 40 o 50 de vuestros viejos destructores”. A fines de julio de 1940, Roosevelt aceptó. La creciente amenaza japonesa en el Pacífico y la derrota de Francia habían impresionado fuertemente al presidente norteamericano. Como afirmó Churchill, con el préstamo de esos barcos de guerra, Estados Unidos pasaba de “la neutralidad a la no beligerancia”.

En diciembre de 1940, Churchill nombró a su secretario del Foreign Office (ministro de asuntos exteriores), Lord Halifax, embajador en Washington. La prioridad que el gobierno de Londres daba a sus relaciones con Estados Unidos era evidente. Lord Halifax fue sustituido en el cargo por Anthony Eden.

El paso definitivo en esa dirección fue la ley de Préstamo y Arriendo aprobada por el Congreso norteamericano en marzo de 1941. Al poner al servicio de la causa antihitleriana su capacidad industrial, Estados Unidos se convertía en lo que se vino a denominar “el arsenal de la democracia”.

imageLa invasión alemana de la Unión Soviética cambió radicalmente la situación. Las potencias anglosajonas no dudaron en apoyar a Stalin frente a Hitler. El día 22 de junio, un día después del inicio de la Operación Barbarroja, Churchill proclamó su intención de ayudar en todo lo posible a los soviéticos.

El 16 de agosto siguiente, los embajadores británico y norteamericano en Moscú ofrecieron oficialmente su ayuda al gobierno soviético. A fines de septiembre, una conferencia en Moscú con enviados de los gobiernos de Washington y Londres concretó la ayuda y sus modalidades. Se empezaba a forjar la “Gran Alianza”.

Pocos días antes tuvo lugar un encuentro clave del líder británico y el presidente norteamericano en aguas de Terranova . La aprobación en agosto de 1941 de la Carta del Atlántico dio un programa ideológico a las potencias democráticas que se enfrentaban al Eje. Era evidente que incluso antes del ataque de Pearl Harbor, los Estados Unidos se habían implicado en el conflicto abandonando cualquier actitud de neutralidad.

La entrada en guerra de Estados Unidos llevó a una nueva conferencia en Washington de Churchill y Roosevelt en diciembre de 1941, fruto de esa conferencia fue la Declaración de las Naciones Unidas aprobada el 1 de enero de 1942.

Los “Tres Grandes”

Los contactos que en diciembre había iniciado el ministro de asuntos exteriores británico Anthony Eden con las autoridades soviéticas mostraron desde un principio que Stalin no iba a renunciar tras una posible victoria a las anexiones producidas en virtud del pacto de no agresión germano-soviético y que, incluso, pensaba en nuevas anexiones en Finlandia y Rumania. Los principios de la Carta del Atlántico no tenían que ver con los planteamientos del dictador soviético. Sin embargo, Churchill, quién como representante del Imperio británico podía entender perfectamente la postura soviética, no dudó en buscar la alianza con Moscú. Así, el 26 de mayo de 1942, el ministro de asuntos exteriores soviético Molotov firmaba la alianza anglo-soviética.

Desde la Operación Barbarroja, una disputa va a enfrentar al gobierno soviético con las potencias anglosajonas. Stalin, no sin razón, demandaba la apertura de un “segundo frente” en Europa occidental que aliviara la presión que debía soportar la población y el ejército soviético. Los norteamericanos eran proclives a seguir las demandas de Moscú y lanzar un ataque directo sobre Francia, sin embargo, Churchill mantuvo una postura más prudente y demandaba un desembarco en el Norte de África que llevara a un ataque posterior a Italia.

En junio de 1942, el primer ministro británico viajó a Washington y consiguió convencer a la administración norteamericana, decidiéndose el desembarco en el Norte de África, la denominada Operación Torch (Antorcha). Stalin, tras recibir la visita de Churchill a Moscú en septiembre, tuvo que aceptar a regañadientes las dilaciones a su demanda de un “segundo frente” en Europa. La tensión entre los aliados sobre esta cuestión duró hasta el desembarco de Normandía en junio de 1944.

imageTras el éxito de la invasión del África del Norte, Churchill y Roosevelt celebraron una conferencia en Casablanca (Marruecos) en enero de 1943.

Aquí se acordó el desembarco en Sicilia y se adoptó la idea de Roosevelt de exigir la “rendición incondicional” de Alemania, Italia y Japón.

Los dos líderes anglosajones se volvieron a reunir en Washington el mayo de 1943, la conocida como Conferencia Trident, y en Quebec (Canadá) en agosto, Conferencia Quadrant. En la primera reunión se adoptaron decisiones de tipo militar, esencialmente se fijó el desembarco en Francia para mayo de 1944. En la segunda conferencia un representante del gobierno de China se unió a los de los “Tres Grandes”. Se aprobó una declaración de las Cuatro Potencias para el establecimiento de una organización internacional tras la guerra.

imageEn octubre, por primera vez en la guerra, tuvo lugar en Moscú una Conferencia de ministros de asuntos exteriores de los “Tres Grandes”.

En esta Conferencia de Moscú la principal preocupación soviética fue garantizar que el desembarco en Francia anunciado para la primavera de 1944 no se retrasara, las seguridades dadas por Cordel Hull y Eden a Molotov permitieron que las tensiones entre los aliados disminuyeran. Los tres países representados y China firmaron una declaración sobre una futura organización internacional que garantizara la seguridad colectiva tras la guerra. La URSS se comprometió a declarar la guerra a Japón tras la derrota germana. Se aprobaron también resoluciones sobre la democratización de Italia y sobre Austria, a la que declararon primera víctima del nazismo alemán, pese al hecho de que Hitler fuera austríaco de nacimiento y de que el nazismo contara con muchos simpatizantes en aquel país. Se comenzó, por último a debatir la futura ocupación y desmembramiento de Alemania.

imageEn Moscú se acordó la celebración de una reunión en Teherán (Irán) cara a cara de los tres líderes de la “Gran Alianza”.

Camino de la capital iraní, Churchill y Roosevelt se reunieron con Chiang-Kai-Chek en la Conferencia del Cairo (Sextant) en noviembre de 1943.

Allí se decidió que el objetivo de la guerra en Asia sería “castigar la agresión de Japón” que debería abandonar todas sus conquistas adquiridas desde 1914.

imageFinalmente, los “Tres Grandes” se reunieron por primera vez en la Conferencia de Teherán en noviembre de 1943. Este primer encuentro se desarrolló en un ambiente de extrema cordialidad que reforzó la alianza.

La irritación de Stalin ante la tardanza anglosajona en la apertura del “segundo frente” en Europa occidental parecía calmada ante la firme promesa de Washington y Londres de lanzar en los próximos meses la invasión de Francia. Aunque no se tomaron grandes decisiones, Teherán posiblemente supuso el momento más dulce de las relaciones de los tres aliados.

imageEn el camino de vuelta, Churchill y Roosevelt se volvieron a reunir en El Cairo en este caso con el presidente turco, Ismet Inonu, pero no consiguieron la entrada de Turquía en guerra. Roosevelt visitó seguidamente a Eisenhower y le anunció su nombramiento como comandante en jefe de la Operación Overlord: la invasión de Francia.

El éxito del desembarco de Normandía en junio de 1944 y el consiguiente avance hacia París, liberado el 25 de agosto, el desembarco en el sur de Francia ese mismo mes y los avances en Italia (Liberación de Roma el 4 junio de 1944) no podían compararse con el espectacular avance de las tropas soviéticas en el este. Gran parte de los Balcanes y la Europa danubiana habían caído en manos de un Ejército Rojo que había llegado a la Prusia oriental.

Es en esos momentos, octubre de 1944, cuando Churchill viaja por su cuenta a Moscú y trata de llegar con Stalin a un acuerdo sobre el reparto de influencias en los Balcanes. Ambos líderes llegaron a un acuerdo verbal sobre la región: Grecia estaría en la órbita británica, mientras que Bulgaria y Rumania quedarían bajo la influencia soviética. En Hungría y Yugoslavia se acordó un reparto al 50 por ciento de la influencia. Este acuerdo, totalmente contradictorio con los altos ideales de la Carta del Atlántico, fue pronto desmentido por la realidad de las armas.

Los últimos meses de 1944 se caracterizaron por una creciente desconfianza entre los aliados. Incluso el nuevo secretario de estado Edward Stettinius, que había sustituido en el cargo a Cordel Hull, sostenía diferencias importantes con Churchill en como organizar políticamente los nuevos territorios que iban siendo liberados del dominio nazi en la Europa occidental. Más grave aún era el desencuentro entre los aliados occidentales y la Unión Soviética. En enero de 1945, la URSS concede al Comité Nacional polaco, controlado por los comunistas, el estatuto de gobierno provisional de Polonia; en Rumania, las autoridades soviéticas imponen su criterio de forma arbitraria; en Hungría, ante las protestas reclamando igualdad en el control del territorio, Molotov afirma la libertad de acción de un Ejército Rojo que controlaba de hecho el país…

imagePara apaciguar estas disensiones interaliadas se decidió convocar una nueva conferencia de los Tres Grandes que tendría lugar en la URSS. Del 4 al 11 de febrero de 1945 tuvo lugar la Conferencia de Yalta.

Sin lugar dudas, este encuentro es el mas célebre de todos los que reunirían a los Aliados durante la guerra. En ella se abordaron temas como la organización de las Naciones Unidas, la ocupación y partición de Alemania, las nuevas fronteras polacas o la intervención de la URSS contra Japón.

Un Roosevelt ya muy enfermo, que fallecería el 12 de abril sin poder ver el fin de la guerra, extrajo conclusiones optimistas de Yalta sobre la posibilidad de un entendimiento duradero entre los soviéticos y las potencias anglosajonas. Muy pronto los acontecimientos desmintieron esta presunción.

En marzo de 1945 los soviéticos impusieron por la fuerza en Rumania un gobierno presidido por un comunista, un acto que iba en contra de los principios de la “Declaración de la Europa Liberada” aprobada en la Conferencia de Yalta. Lo que era aún más grave, Molotov se negó a integrar a representantes no controlados por los comunistas en el gobierno provisional polaco con sede en Lublin. Churchill y Roosevelt enviaron telegramas de protesta a Moscú, pidiendo a Stalin que no rompiera la unidad y concordia acordadas en Yalta.

imageEl 7 y 8 de mayo, Alemania firma la rendición incondicional ante los Aliados. Dos meses despúes, el 17 de julio de 1945, se celebró en las afueras de Berlín en la sede de los palacios de la monarquía prusiana, la Conferencia de Potsdam, la última reunión en la cumbre de los líderes de la “Gran Alianza”. El ambiente se había deteriorado y los Aliados se cruzaron mutuamente acusaciones. Mientras los anglosajones acusaron a los soviéticos de implantar dictaduras en Bulgaria o Rumanía, los rusos denunciaron la ocupación británica en Grecia. No obstante, se hizo un imageimportante esfuerzo de entendimiento y, teniendo en cuenta las circunstancias, tal como afirmó el nuevo secretario de estado norteamericano, James Byrnes, se pensó que la conferencia había sido un éxito y que en Potsdam se habían puesto las bases para restablecer la estabilidad europea. Los acuerdos alcanzados sobre la reorganización de Alemania y del mundo fueron pronto incumplidos. El éxito se tornó en fracaso.

Quedaba, sin embargo, concluir la guerra en el Extremo Oriente. La URSS, que había denunciado el acuerdo de neutralidad con Japón el 5 de abril de 1945, se aprestó, tal como se había comprometido en Yalta, a declarar la guerra a Japón. El 8 de agosto, dos días después de la bomba atómica de Hiroshima, los soviéticos entraban en guerra y ocupaban Manchuria, Corea y las islas Kuriles.

imageTras sufrir un nuevo ataque atómico en Nagasaki, el día 9 de agosto, al día siguiente Japón comunicó su disposición a capitular.

El 2 de septiembre, a bordo del buque Missouri fondeado en la bahía de Tokio, los delegados japoneses firmaron la rendición incondicional ante el general MacArthur. La segunda guerra mundial había terminado

 

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