El drama del buque Saint Louis en La Habana (mayo de 1939)


En la planta baja del muy elegante Hotel Raquel, edificio de estilo “art nouveau” sito en el número 103 de la calle Amargura, en la Habana Vieja, llama la atención, colgado entre la recepción y el bar, la reproducción de un óleo original durante mucho tiempo desconocido y sin fecha, que lleva la firma du grand maître cubano Víctor Manuel (1877-1969).

¿De qué “Diáspora se trata? La existencia del cuadro fue durante años un enigma. A penas se sabe hoy que el original pertenece a un natural de la República Dominicana, el Sr Isaac Lif. En la parte derecha del cuadro, una pequeña inscripción recuerda el drama del “Saint Louis”, en 1939.

imageEste singular cuadro es sólo una modesta unidad de un dramático mosaico de la historia universal, junto con libros de historia, obras universitarias, documentos y novelas históricas, un filme hollywoodiano, un documental de archivos inéditos, así como el diario de a bordo del comandante del “Saint Louis”, entre otras fuentes de saber, sobre la miserable actitud asumida por EE.UU. y su vasallo de entonces: Cuba.

El episodio –esa odisea y las razones de su trágico desenlace– es relativamente poco conocido aún en nuestros días y ha quedado prácticamente relegado al olvido. No para todos, claro está. Especialmente para aquellos que, siendo judíos o no, tomaron la palabra y el testigo en nombre de las víctimas desaparecidas. Se trata de un “olvido” alimentado por los que tuvieron parte de responsabilidad en el genocidio judío, a saber, los gobiernos de los Aliados, por su inacción cómplice.

El 13 de mayo de 1939, el buque alemán Saint Louis, de la línea Hamburgo-América, embarcó a 937 pasajeros judíos alemanes con destino a La Habana. Algunos habían sido sacados de los campos de concentración, principalmente Dachau y Buchenwald. La mayoría había tenido que abandonar todos sus bienes o vender algunos para comprar imagecertificados de desembarco (a razón de 150 dólares por cabeza), entregados por la persona responsable en el lugar; otros con la idea de comprar visas para entrar en Cuba. Además, a los pasajeros se les había obligado a pagar 230 reichmarks adicionales en caso de que el barco se viera obligado a dar media vuelta.

Ese supuesto viaje era en realidad una operación de propaganda del régimen nazi para hacer creer que los judíos eran libres de emigrar, aún cuando sabía perfectamente que la mayoría de los países de “acogida” les rehusaría la entrada. A pesar de que la mitad de ellos eran ancianos, mujeres y niños, esos viajeros especiales que “tuvieron que adquirir a un precio prohibitivo un pasaje de regreso, aún cuando se suponía que no regresaran, y abonar el permiso de salida del territorio alemán” (Louis-Philippe Dalembert), partían con el sueño de rehacer sus vidas allende el Atlántico, lejos de la persecución nazi y del recuerdo de la terrible Noche de Cristal, la Kristallnacht del 10 de noviembre de 1938 (1) que les había revelado el verdadero el rostro de la barbarie.

Cierta tensión reinaba a bordo, por esas elucubraciones de las mentes atormentadas que provoca un viaje sin retorno. Pero el ambiente era más bien campechano. En los años 30, las imágenes publicitarias de la compañía naviera Hamburgo-América Line mostraban una visión lujosa de los viajes de cruceros a bordo de sus buques. El Saint Louis poseía ocho puentes, una capacidad para 400 pasajeros en primera clase y 500 en la clase turista. En realidad, ese “crucero” era un viaje maquiavélico: la propaganda nazi se las ingeniaba para que el mundo entero pensara que la Alemania de Hitler no tenía el monopolio del antisemitismo. El periplo del Saint Louis simbolizaba la cobardía de los demócratas ante el problema del asilo a los refugiados judíos en los albores de la Segunda Guerra Mundial, y luego durante la Shoah.

En 2009 aparece, en Francia, un libro que tuvo gran éxito de ventas, incluso fuera de Francia (los derechos de traducción fueron cedidos en una decena de idiomas), y un gran impacto por los debates a veces violentos que suscitó y que tendrían sus consecuencias. La “novela” Jan Karski, del escritor Yannick Haenel (1942), editada por Gallimard, retoma el tema: el abandono de los judíos europeos por parte de la comunidad internacional, a través de las revelaciones del testigo real que fue Jan Karski, combatiente de la resistencia polaca de confesión católica. Hecho prisionero al inicio de la guerra, torturado por la Gestapo, Karski logró evadirse e incorporarse a la resistencia polaca. Fue mensajero clandestino del gobierno de su país en el exilio cuando aún no había cumplido los 30 años. Luego de penetrar en el ghetto de Varsovia, tuvo como misión secreta marcharse a Londres (1942) y luego reunirse con Winston Churchill y Franklin D. Roosevelt en Washington (28 de julio de 1943) para informarles sobre la exterminación de los judíos puesta en marcha por los nazis.

En la “novela”, en el encuentro Roosevelt se limita a bostezar, hace como si le interesara el asunto, pero es más bien para poder disimular mejor su pasividad. A Karski lo oyeron sin escucharlo. En 1944, Jan Karski contó toda su historia en Story of a Secret State, publicada en EE.UU., pero a pesar de ello nadie se dignó a mirar las cosas de frente. Y llegó a ser demasiado tarde.

“Lo que me interesa en ese libro no es la Shoah, sino el crimen occidental, la sordera de los aliados ante el exterminio, una sordera organizada”, subraya Yannick Haenel.

Todo el mundo en la Hamburgo-Linie sabía que esos pasajeros nunca pondrían un pie en tierra. Todos, salvo ellos mismos.

El comandante del Saint Louis (o St Louis), llamado Gustav Schröder –no olvidemos ese nombre–, dio la orden de zarpar a las 20 horas, como lo habían solicitado las autoridades portuarias de Hamburgo, quienes pensaban que el Saint Louis llegaría al puerto de La Habana junto a otros dos buques que también transportaban judíos: el Flandres (con 104 pasajeros), de bandera francesa, y el Orduña, con pabellón británico (154 personas a bordo).

Era el verano de 1939. Europa se alistaba para la guerra y la Alemania de Adolfo Hitler daba los toques finales a su plan de extermio de los judíos.

La salida del Saint Louis estuvo rodeada “de mucha publicidad, y el viaje fue seguido por la opinión pública mundial” (Margalit Bejarano).

Aquel crucero trágico sería llevado al cine. En 1976, Stuart Rosenberg, que hasta ese momento era conocido por su película Cool Hand Luke (1967), realizó Voyage of the Damned (2). Tomó el argumento de un libro de Max Morgan-Witts y Gordon Thomas.

En 1994 Maziar Bahari (3) realizó Le Voyage du Saint-Louis (52min) para la televisión francesa, con testimonios de los pocos sobrevivientes, miembros de la tripulación y personas que trataron de ayudar a los refugiados. El filme, que contiene secuencias de archivo filmadas en su mayoría en la cubierta durante la travesía de Hamburgo a La Habana, así como fotografías inéditas, aparece como el documental mejor logrado sobre aquella singular odisea.

El año pasado, el grafista norteamericano Art Spiegelman (1948), autor del célebre Maus (1986, Editorial Flammarion, París) rindió homenaje en el Washington Post a los dibujantes, que fueron de los pocos ciudadanos de su país que protestaron contra la posición asumida por el gobierno de EE.UU en el caso del Saint Louis. Su lámina inédita fue publicada en ese gran diario nacional (4).

En Cuba, en mayo de 1939, la comunidad judía (5) esperaba en medio de gran expectación la llegada del Saint Louis. Era un acontecimiento excepcional, puesto que jamás un navío alemán había transportado tantos pasajeros. Algunos tenían familiares a bordo, y otros sabían que no pocos de esos refugiados consideraban a Cuba como una mera escala hacia Estados Unidos.

[A partir de mayo del 39 comenzaron a llegar con cierta regularidad al puerto de La Habana combatientes sobrevivientes cubanos de la Guerra Civil española (1936-1939). Varios testimonios hacen mención de travesías a bordo del Orduña que, al parecer, realizaba un viaje transoceánico por semana. Julián Fernández García, uno de esos “brigadistas”, natural de la provincia de Matanzas, dice haber “desembarcado en Cuba del buque Oruña el 27 de mayo”. Lo mismo sostienen Juan Magraner Iglesias y Luis Rubiales Martínez y varios otros. En cuanto a Óscar González Ancheta, había hecho el viaje de ida La Habana-La Rochelle (Francia) el 14 de junio a bordo del… mismo barco). “Fuimos recibidos por una crecida multitud”, dice uno. “Divisé a mis seres queridos que esperaban en el muelle”, indica otro. “Una gran multitud acudió a darnos la bienvenida”. “El recibimiento fue sorprendente. Fue algo que no se puede olvidar jamás. El pueblo de la Habana se volcó hacia el Malecón y allí la gente alquilaba lanchas para recibir el barco de esa banda”. (Mario Morales Mesa)

Según testimonios recopilados por el historiador cubano Alberto Bello en mayo de 1985, Juan Magraner Iglesias cuenta: “Sí, hubo recibimiento. Los muelles y el Malecón estaban repletos de gente. Las lanchas salían a recibirnos al barco. Había una alegría enorme. Jamás olvidaré aquel día.”].

El presidente cubano de turno era el descolorido Federico Laredo Bru (diciembre de 1936-octubre de 1940). Sexto inquilino del Palacio Presidencial desde septiembre de 1933, tampoco lograría levantar al país de los estragos causados por la dictadura de Gerardo Machado (1925-1933). El 10 de octubre de 1940 cedería el sillón presidencial a Fulgencio Batista para un primer mandato dictatorial de cuatro años.

Cuba, alineada con la política exterior de Washington durante la Segunda Guerra Mundial, que se inició en Europa en septiembre del 39, mantendría su posición oficial de “neutralidad” durante poco más de dos años. La isla declararía la guerra a Japón, Alemania e Italia los 9 y 11 de septiembre de 1941, es decir, al día siguiente de la entrada en guerra contra Japón de EE.UU (el 8), que el día anterior había sufrido los bombardeos de Pearl Harbor (6). El 11, la Alemania nazi y la Italia de Mussolini declaraban la guerra a EE.UU.

El 23 de mayo, en el décimo día de travesía del Saint Louis, el capitán Schröder recibe un telegrama informándole sobre probables… dificultades para el desembarco de sus pasajeros en La Habana. El hombre, que no es un pro nazi, sabe muy bien lo que sucede en Alemania, conoce la amenaza que se cierne sobre ella, pero también ignora todo de los acontecimientos en Cuba de los años 1938 y 1939. Se enteraría en dos palabras de que el “Decreto 55”, que regía la entrada en territorio cubano… hasta el 5 de mayo de 1939 –no hay ninguna casualidad– era nulo y sin valor y había sido sustituido por el “Decreto 937” (?), rubricado por el presidente Federico Laredo Bru, quien había publicado una orden invalidando todos los certificados de desembarco, por lo que para entrar a Cuba se requería de la autorización escrita de los Secretarios de Estado y Trabajo, así como el envío por correo de un depósito de garantía de 500 pesos (depósito que no era obligatorio si los turistas eran norteamericanos). El viernes 26 de mayo, el mismo capitán recibe un segundo telegrama (“Ancle en el fondeadero, no intente atracar”) ordenándole que evite el puerto principal de La Habana y dirija el Saint Louis hacia la zona administrativa llamada “de Triscornia” (7).

A las 4 de la mañana del sábado 27 de mayo, el buque de crucero de lujo Saint Louis ya se hallaba frente a la ciudad de La Habana, del lado de Triscornia. Los pasajeros no cabían en sí de gozo y optimismo.

Los del Buró de inmigración no fueron los primeros en subir a bordo, sino los de la Policía costera. Nadie estaba autorizado a desembarcar, salvo miembros selectos de la tripulación. Max Lowe, un refugiado que intentó suicidarse cortándose las venas y tirándose por la borda, fue, por las circunstancias, admitido en un hospital de La Habana, el Calixto García.

Durante diez días, las “dificultades” fueron tantas que el Saint Louis –su presencia en el puerto se convirtió en “una verdadera alteración del orden público”– fue intimado a abandonar las aguas territoriales cubanas. De los 937 pasajeros, apenas unos 25 fueron autorizados a bajar a tierra. Eran los únicos que al salir de Hamburgo disponían de una visa como Dios manda. Para acelerar la salida se abasteció el buque de agua, alimentos y combustible, y el Saint Louis fue alejándose de las costas cubanas escoltado por lanchas de la Marina nacional y la policía… Gustav Schröder decide por sí mismo poner rumbo hacia EE.UU. El barco navegaba tan cerca de las costas de la Florida que los pasajeros podían divisar las luces de Miami. Algunos enviaron cables al presidente Franklin D. Roosevelt solicitándole que les concediera el asilo. Roosevelt jamás contestó. Durante tres días, el Saint Louis navegó frente a costas de Estados Unidos sin que se le permitiera atracar. Tampoco en Canadá, cuyas autoridades compartían la política estadounidense y cubana, o más bien la de Cornell Hull, secretario del Departamento de Estado en el gobierno de F. D. Roosevelt. El pretexto era que las cuotas de inmigrantes ya se habían rebasado…

“Roosevelt ni se dio por enterado, y lo mismo sucedió con el Primer ministro canadiense, el cual confesó en privado que no quería demasiado judíos en su barrio” (Christophe Alix)… Los víveres comenzaron a escasear y, el 6 de junio, 25 días después de abandonar Hamburgo, al Saint Louis no le quedó otra alternativa que volver a cruzar el Atlántico en dirección contraria, rumbo a Europa, con su carga humana. Pero ¿hacia qué país dirigirse? Gustav Schröder ordenó navegar a baja velocidad, haciendo tiempo, por si desde tierra pudiera llegar una solución de último minuto.
A título póstumo (11 de marzo de 1993), al capitán Gustav Schröder le fue conferido el título de “Justo entre las naciones”, al igual que a Jan Karski, fallecido en el año 2000.

Desde el inicio del viaje la actitud del capitán alemán Schröder no dejó de sorprender a los pasajeros. A pesar de que a bordo iba un pequeño grupo de agentes nazis, entre los cuales se hallaba Otto Shiendick, de la Gestapo, el capitán hizo que “el trayecto transcurriera como un crucero normal y que todos fueran tratados como turistas. Por lo que los 14 días de viaje fueron alegres y festivos” (Louis-Philippe Dalembert). Más allá de las condiciones que ofrecía el buque y las esperanzas de los viajeros. Según Dalembert (LPD), el 23 de mayo Schröder convocó en su cabina a algunos pasajeros abogados o versados en Derecho con el fin de zanjar las “dificultades”. “En el fondo, sabe que hará todo lo posible para que esa gente llegue a una tierra de acogida” (LPD). Estando en Triscornia, en La Habana, el capitán no puso reparo en que los refugiados creyentes utilizaran un rincón del barco para improvisar una pequeña sinagoga. Obligado a regresar a Europa, el capitán Schröder llegó incluso a manejar seriamente la idea de encallar el buque en las costas británicas para así imposibilitar el retorno de los pasajeros a Alemania. Falleció en 1959. La medalla de “Justo entre las naciones” le fue conferida a título póstumo el 11 de marzo de 1993. Desde el 13 de mayo de 1939, Schröder había mantenido un diario de a bordo personal, del que salió un libro: Heimatlos auf hoher See (La Epopeya del St Louis), 1949, Beckerdruck – Berlín, 47 p., fotografía, documentos adjuntos].

¿Qué ocurrió realmente en La Habana entre el 27 de mayo y el 2 de junio? ¿Por qué más de 900 refugiados alemanes fueron rechazados? Ante todo está el hecho de que el gobierno cubano de Laredo Bru respondía incondicionalmente a los deseos de Washington. Los acontecimientos internos también tuvieron una repercusión evidente: en primer lugar, desde el 8 de noviembre de 1933 regía cierta ley “Ramon Grau” que obligaba a todos los patrones a emplear al menos el 50% de “cubanos nativos”. La consigna de la primera presidencia de Grau San Martín (septiembre de 1933 – enero de 1934) de “Cuba para los cubanos” no era dirigida contra los judíos en particular, sino contra todos los extranjeros. Además, y lo que era mucho más grave, existía realmente una ola xenófoba y antisemita desde 1933, aunque no fuera estimulada oficialmente por el gobierno (ningún gobierno cubano de la época manifestó una política abiertamente antisemita y la gran mayoría de la población cubana tampoco lo era).

Las primeras manifestaciones públicas antisemitas surgieron en los últimos meses de la dictadura de Gerardo Machado, cuyo colega, el dictador Hitler, asumió el poder el 30 de enero de 1933. En Alemania, desde el 30 de julio de 1932 el partido nazi había logrado la mayoría en el Reichstag y Herman Goering había sido nombrado presidente. Mein Kampf se publicó en 1925. El Ministerio de Propaganda de Joseph Goebbels funcionaba a toda máquina desde su creación, en marzo de 1933. Si bien las primeras medidas antijudías fueron decretadas a partir de julio de 1933, la propaganda lanzada contra dicha población era anterior a esa época.

Las informaciones sobre la persecución nazi contra los judíos europeos llegaban a Cuba con regularidad. Lo mismo ocurría con la propaganda nacional-socialista, que encontraba un terreno propicio entre los comerciantes españoles más o menos holgados, que veían con muy malos ojos la llegada de nuevos inmigrantes judíos. Algunos de ellos obtenían sus productos a través de los “delegados” nazis que operaban en la capital cubana. Vocero de esos miembros de la comunidad española era el Diario de la Marina, de José Ignacio (Pepín) Rivero, a cuya familia pertenecían también los periódicos Avance y Alerta. Las acciones contra los judíos se intensificaron a partir del estallido de la Guerra Civil Española, en julio de 1936. La Falange Española en Cuba y los agentes nazis hacían causa común para denunciar la “amenaza judía”, en nombre de la salvaguarda de la “raza hispana”. En 1938 fue creado el “Partido Nazi Cubano”, por un tal Juan Prohias, con sede en el Nº 146 de la calle 10 (entre 17 y 19), en el barrio capitalino del Vedado. En su programa de radio Hora Liberal Independiente, Prohias fustigaba a diario a los judíos y a sus inmigrantes. Se le atribuía como domicilio personal una casa situada en la calle Flores, entre Enamorados y Santos Suárez. Es de notar que, si bien las autoridades no manifestaban oficialmente ningún antisemitismo, nunca molestaron a los grupos fascistas o nazis, y tampoco trataron de neutralizarlos o prohibirlos. El Diario de la Marina, periódico de los franquistas, siempre salió a la calle sin problemas y su publicación nunca fue prohibida.
Fulgencio Batista

La red de agentes nazis en suelo cubano agrupaba unos sesenta miembros. Los periódicos de Pepín Rivero habían convocado una manifestación para protestar contra la inminente llegada de los “judíos extranjeros” del Saint Louis.

“La atmósfera xenófoba y antisemita también fue favorecida y azuzada por Primitivo Rodríguez Rodríguez, del ala dura del Partido Auténtico, vocero del ex presidente Ramón Grau. Según él, el pueblo cubano había de “luchar contra los judíos hasta que el último sea expusado” (L. P. D). Paradójicamente (en apariencia), un tal Louis Clasing, director en La Habana de la compañía Hamburgo-América, pertenecía a dicha corriente. Se encargaba de financiar la campaña contra los refugiados judíos… que transportaba su propia compañía. Ese agente nazi se empeñaba en demostrar que los judíos era gente indeseable, no sólo en Alemania.

La comunidad judía no permaneció cruzada de brazos. Unos años antes había fundado el Centro Intersocial Hebreo de Cuba, el Jewish Committee for Cuba, y luego el Comité Central de las Sociedades Hebreas de Cuba, el HIAS (Hebrew Sheltring and Immigrant Aid Society) y el JOINT (Jewish Joint Distribution Committee). Pero esas sociedades eran más bien organizaciones comunitarias de ayuda mutua y protección, no movimientos militantes de la vida social y política del país. Algunos judíos tenían negocios florecientes, pero existían también humildes sastres, dueños de peleterías y zapaterías. Además, los judíos tenían una actividad editorial intensa y eran propietarios de revistas. Algunos militaban en organizaciones progresistas. Uno de ellos, Fabio Grobart, sería uno de los 13 fundadores del Partido Comunista Cubano (agosto de 1925), junto con otros tres “polacos”: Gurwich, Grinberg y Wasermann. Entre los refugiados judíos en Cuba que combatieron junto a los republicanos españoles entre 1936 y 1939 debe mencionarse a Moisés Raigorodsky Suria.

El fracaso de la travesía del Saint Louis también fue producto del contexto político creado por el nuevo Decreto 937 (?), matizado por las luchas internas por el poder, en las que se hallaban involucrados el presidente fantoche Laredo Bru, el director general de la Oficina de Inmigración Manuel Benítez González –el hombre “de los permisos de desembarco”– y, desde luego, “el hombre fuerte del poder”, jefe del Ejército, el antiguo sargento Fulgencio Batista, así como Lawrence Berenson, el abogado neoyorkino de JOINT en EE.UU y abogado de negocios… de Batista. Este último no quiso saber nada del asunto y no movió un dedo. Estábamos en vísperas de la campaña electoral para los comicios presidenciales. Batista no quería correr ningún riesgo y menos a ojos de Washington. Sucedería a Laredo Bru en su primera dictadura. Laredo, con el fin de deshacerse de Manuel Benítez, logró que le abrieran una investigación por “corrupción continuada” (8). Benítez “pagaría por todos los demás”, incluidos sus antiguos amigos y jefes.

Durante varios días, además de intentos de “negociaciones” entre el enviado especial Berenson y los emisarios de Laredo Bru, el acontecimiento provocó no poca efervescencia: familiares y amigos de los refugiados judíos recién llegados, algunos llegados de EE.UU, lograron acercarse al Saint Louis en pequeñas embarcaciones y comunicarse con los pasajeros por señales y gritos. La prensa seguía el desarrollo de los acontecimientos y en la ciudad todos se interesaban por los últimos ecos de la historia del Saint Louis. Mensajes de solidaridad con los pasajeros, llegados de diversos países, pedían la intervención del presidente Roosevelt… “Durante toda esa semana el drama del buque fue el centro del interés público” (Margalit Bejarano).

[De los 120 judíos austriacos, checos y alemanes que ese 27 de mayo del 39 se hallaban a bordo del Oruña, 48 pudieron desembarcar a pesar de que no tenían papeles en orden. Con los otros 72 refugiados, el Oruña tuvo que poner rumbo hacia el Atlántico Sur. Una vez en el Canal de Panamá, hizo breves escalas en Colombia, Ecuador y Perú, donde 4 refugiados fueron autorizados a poner pie en tierra. Los otros 68 fueron transferidos a un barco británico que remontaba hacia el Canal de Panamá. En Bilbao, siete personas obtuvieron visas para Chile. Los 61 últimos pasajeros fueron internados en el Fuerte Amador hasta 1940, en que fueron admitidos en EE.UU.

En cuanto a los 104 judíos del Flandres, ninguno fue autorizado a desembarcar. Ese barco francés se dirigió hacia México sin éxito alguno y tuvo que regresar a Francia, donde los refugiados fueron recluidos en un campo de internamiento. Podemos imaginarnos lo que sucedió después. De igual manera, 200 judíos que viajaban en otro barco, el Orinoco, que en un principio debía arribar a La Habana en junio del 39 –el viaje fue anulado por los acontecimientos de mayo– no pudieron tocar ningún puerto y fueron regresados a Alemania, donde su destino estaba trazado…

Luego del estallido de la Guerra Mundial, la llegada (en 1942) de otros dos barcos a La Habana, el São Tomé, proveniente de Lisboa y Casablanca, y el Guinée, marcó el fin –transitorio– de la inmigración de refugiados. 450 pasajeros lograron desembarcar gracias a la intervención de países de las fuerzas aliadas, pero tuvieron que permanecer ocho meses en la zona de Triscornia y no se les permitió residir aunque fuera temporalmente en la isla. Margalit Bejarano sostiene que fue en los testimonios que logró recolectar donde aparece por primera vez la historia del São Tomé]

A bordo del Saint Louis, que hacía una semana había zarpado de La Habana, los únicos contactos que tuvo Gustav Schröder fueron con algunas JOINT de Europa. Cuatro países aceptaron recibir a los refugiados del buque: Francia (224 personas), los Países Bajos (181), Bélgica (214) y el Reino Unido (287). El 10 de junio, Schröder recibió un telegrama en que se le comunicaba que podía atracar en Bélgica.

El Saint Louis hizo su entrada en el puerto de Amberes. La guerra estalló en septiembre del 39. Más de 680 refugiados en Francia, Bélgica y los Países Bajos estuvieron entre los deportados que en su mayoría murieron en Auschwitz y en otros campos de concentración. Menos de un tercio de los pasajeros –los que habían podido desembarcar en Gran Bretaña– sobrevivieron al Holocausto.

En cuanto al Saint Louis, fue parcialmente dañado por un incendio provocado por los bombardeos aliados en Kiel, el 30 de agosto de 1944. Según diversas fuentes, fue reparado y permaneció en el muelle de Hamburgo como barco-hotel en 1946, y enviado al desguace en 1952.
Gerda Blachmann en 1933

“Por ironía de la historia, algunos pasajeros como los Blachmann, los Reif y los Gottfried lograron instalarse en Estados Unidos y rehacer sus vidas” (LP. D)

NOTAS

(1)- La Noche de Cristal (9-10 de noviembre de 1938), orquestada por Goebbels, concluyó con 7 500 tiendas judías saqueadas, centenares de sinagogas incendiadas, 30 000 judíos arrestados. Para escapar a esa noche de violencia, un número cada vez mayor de judíos logró abandonó Alemania. A partir de octubre de 1944, toda emigración les fue prohibida. En Europa los judíos hallaron refugio principalmente en Gran Bretaña, en los Países Bajos, Bélgica, Francia y Suiza. En América, el mayor número de ellos se exiló en EE.UU, y, en menor medida, en Argentina. Algunos trataron de probar suerte en China. Pero muchos serían alcanzados por la guerra.

A partir de 1933, Hitler había impuesto en Alemania sus teorías racistas, dictando una serie de medidas discriminatorias. El 7 de abril entró en vigor una primera ley que expulsaba a quienes“no eran arios” de los cargos y empleos públicos. En septiembre de 1935, las leyes de Nuremberg prohibieron los matrimonios mixtos y privaron a los judíos alemanes de sus derechos civiles, y luego de su ciudadanía. El clima de violencia contra los judíos aumentaba.

(2)- Lamentablemente, el filme de Stuart Rosenberg (1928) reconstituyó esta historia utilizando todos los clichés de los melodramas de Hollywood. Su carácter comercial, el alarde de las estrellas interpretando papeles esquemáticos terminaron desacreditándolo, a pesar de su elenco de primera. Pocas películas han contado con un reparto tan brillante de actores: Faye Dunaway, Max von Sydow, Oskar Werner, Malcolm McDowell, Orson Welles, James Mason, Lee Grant, Ben Gazzara, Katharine Ross, Luther Adler, Paul Koslo , Michael Constantine, Nehemiah Persoff, José Ferrer, Fernando Rey, Maria Schell, Helmut Griem, Julie Harris, Sam Wanamaker, Denholm Elliott. Hollywood (la producción es británica). Lee Grant se incluye en el palmarés 77 de los Oscars. La película había sido premiada con una lluvia de nominaciones.

Esa película, escribió Hubert Niogret en Positif, es “superficial y por ende deshonesta puesto que, a pesar de sus buenas intenciones oculta de hecho el drama histórico, en provecho de la novela barata”. La música de Lalo Schifrin no logra salvar nada.

(3) – Es (probablemente) el único (conocido) que aparece, a través de su diario de bordo, al capital Schröder que es nombrado como “coguionista”… En el casting, como se dice hoy, encontramos a Manuel Benitez Jr. (en Miami) Manuel Benítez, Laredo Bru y los pasajeros, Philip Freund, Karl Glesman, Don Haig, C.D. Howe, Herbert Karliner, William Lyon Mackenzie King, Sol Messinger, Harry Rosenbach . Otros: Kathleen Fee, Gisela Feldman, Anna Fuchs-Marx, Liesl Loeb, Jane Ripotot, Susan Schleger, Muriel Edelstein, Susan Shanks.

(4)- The St Louis Refugee Ship Blues/ Art Spiegelman

http://www.washingtonpost.com/wp-srv/special/opinions/outlook/st-louis-refugee-ship-blues/static.html

“Muy pocos estadounidenses protestaron. Sólo un puñado de dibujantes de prensa entonaron entonces el lúgubre… blues del Saint Louis (Art Spiegelman). Encontró esos dibujos en los archivos del Instituto David S. Wyman de estudios sobre la Shoah. En Maus “novela gráfica” (1972, publicado en un álbum a partir de 1986), Art Spiegelman hace un relato desgarrador sobre la manera en que su padre logró sobrevivir al Holocausto. Son pocos los dibujos que desde su misma publicación han sido considerados acontecimientos mayores. Ese fue, sin embargo, el caso de Maus (ratas, en alemán), autobiografía en forma de dibujos… de animales. Más aún que en Europa, el dibujo en los EE.UU era quizás percibido más bien como una mera diversión. Y uno de los principales méritos de Maus fue el de haber contribuido a que numerosos intelectuales de ese país tomaran conciencia de que ese modo de expresión no está intrínsecamente condenado a la insignificancia.

(5)- En Cuba, los judíos eran impropiamente llamados “polacos”. “A igual que los españoles eran llamados aquí “gallegos”, todos los judíos, sea cual fuera su país de donde origen, eran “polacos”. El polaco formaba parte del entorno.” (Ciro Bianchi, 2008). Ese periodista y autor cubano señala que en 1945 la comunidad judía contaba unos 25 mil miembros, de los cuales, según otra fuente, 5 500 habían llegado entre octubre de 1940 y abril de 1943. En 1935 había alrededor de 12 000 judíos en Cuba. El mayor número de ellos llegó a la isla en 1920.

(6)- El hecho de que el presidente Roosevelt hubiera esperado el ataque aéreo japonés a la base militar de Pearl Harbor (diciembre de 1941) para entrar en la guerra nos hace llegar a la conclusión de que tanto implícita como explícitamente EE.UU, desde 1933 –al igual que Gran Bretaña- hizo todo lo posible para “apaciguar” los ánimos de Adolfo Hitler (cf. la lamentable Conferencia de Evián), haciendo poco caso de la política de persecución contra los judíos llevada a cabo por los nazis, y luego de la exterminación sistemática (la Shoah) de esa comunidad a partir de 1939. Una resolución aprobada por el Senado en 1934 sólo expresa “sorpresa y dolor” ante la situación de los judíos, pidiendo les fueran restituidos sus derechos. Pero el Departamento de Estado se encargó de que no se le diera ninguna publicidad a tal documento. Ni la invasión a Austria, ni el Anschluss, ni la Anexión de los Sudetes, ni la agresión contra Polonia hicieron reaccionar a las autoridades de Washington. En lo concerniente al problema de los judíos europeos, está claro que los EE.UU de Roosevelt hubieran podido reaccionar de otra manera. El académico Henry Feingold, en Politics of Rescue: The Roosevelt Administration and the Holocaust (1970), demuestra que “Roosevelt no tomó las medidas que hubieran podido salvar miles de vidas. No era una prioridad para él. Dejó el asunto en manos del Departamento de Estado, donde el antisemitismo y la frívola burocracia obstaculizaron toda acción” (in A People‘s History of the United States: 1492 to present, de Howard Zinn).

Para el escritor Yannick Haenel, la Conferencia de Evián de 1938, convocada con el fin de ayudar a que los judíos fuesen recibidos por las potencias occidentales “concluyó con un bloqueo obsceno de todas las cuotas de inmigración”. Y añade: “Después, todo no fue más que hipocresía, cálculos, retórica de cancillería” (diario francés Libération, 22 de octubre de 2009).

De igual manera debe señalarse que, durante el juicio de Nuremberg, en ningún momento Estados Unidos habló de responsabilidad occidental. De esos crímenes –estima Haenel en Libération–, nacerá lo que se ha dado en llamar el mundo libre. Somos herederos de esa constelación de mentiras, de esa indecencia fundamental que hace que los cimientos de Europa a partir de 1945 estén podridos.”

En EE.UU, a los antisemitas, que eran bastante numerosos, no les faltaba literatura. Tales son los casos de Henry Ford (el famoso fabricante de automóviles), “racista empedernido” (Timothy W.Ryback), Madison Grant, el autor de El fin de la gran raza (1916) obra que fuera el libro de cabecera de Adolfo Hitler (Ryback, En la biblioteca privada de Hitler, 2009, 430 p. Ryback: “El de Grant es uno de los libros más destructores del siglo XX, donde sostiene que Europa y EE.UU serían aniquilados por culpa de los inmigrantes”. Luego, no es difícil adivinar lo que ocurre cuando 900 refugiados judíos se acercan a sus costas…

(7)- Desde… siempre en Cuba, en la ensenada de La Habana, en Casa Blanca, del otro lado de la ciudad, existió el lugar llamado Triscornia, que hasta 1959 fue utilizado como Campamento de inmigración o internamiento, o Centro de retención administrativa, como se le llamaría hoy. Para los que llegaban al puerto de la capital, Triscornia era un pasaje olvidado. Los refugiados eran sometidos a todos los controles habidos y por haber, según las épocas. Algunos autores hacen remontar la historia del Triscornia a los últimos años de la esclavitud. En cada comunidad extranjera establecida en el país, existieron historias y anécdotas de la permanencia más o menos larga de uno de sus miembros. El viajero debía dar el nombre de la persona que le invitaba, la dirección de su lugar de residencia, enumerar los medios de subsistencia, etc. En Triscornia se practicaban regularmente “controles médicos”. Contaba con varias barracas con dormitorios y, según testigos que permanecieron allí, un centro administrativo y un hospital de campaña. Triscornia era también una manera de deshacerse de los refugiados extranjeros que habían sido sometidos a juicio y era considerados indeseables. Tal fue desde luego el caso de los refugiados judíos alemanes del Saint Louis, que permanecieron en la rada de Triscornia sin ser admitidos en el campamento. La primera mención explícita que hace la escritora Margalit Bejarano de Triscornia tiene que ver con unos refugiados judíos en los años 20. En 1942, la refugiada alemana Emma Kann permaneció seis meses en el campamento antes de ser autorizada a residir en la capital cubana. Suerte parecida corrió su compatriota Lotte Buró.

(8)- Fue acusado de vender permisos de desembarco a viajeros que no eran turistas sino refugiados políticos. Y lo que es peor, el hombre, que tenía un perverso sentido del reparto, guardaba para sí los beneficios de su tráfico (devenido) ilícito. Los permisos “Benítez” firmados por el propio Benítez eran vendidos a los candidatos a inmigrantes en Cuba. Según Margalit Bejarano, “los permisos no eran documentos legales, pero su venta era compatible con las normas políticas del país” (¿?). Supuestamente autorizaban una estancia temporal en Cuba, sujeta a dos condiciones: no permitían trabajar y aseguraban que el inmigrante disponía de todo cuanto le hiciera falta para satisfacer sus necesidades. En esas condiciones, el HIAS ou el JOINT no podían intervenir, de ahí la importancia que llegaron a tener los “majers” (según el vocabulario hebreo), como se solían llamar los “arregladores” o intermediarios privados que “arreglaban” los problemas administrativos. “Los permisos de Benítez, que acompañaban a cada pasaje vendido por la Hamburg-Amerika Linie se transformaron en un verdadero negocio de vidas humanas que, aunque ilegal, no era secreto” (Margalit Bejarano). El sistema de Benítez entró en vigor en 1938 con la llegada principalmente de judíos austriacos (la anexión de Austria data de marzo de 1938), con un número relativamente pequeño de “clientes”.

A partir de enero del 39, el negocio se hizo floreciente, cuando cada buque de la H.A.L. (o HAPAG) comenzó a transportar alrededor de 600 refugiados provenientes de Alemania, Austria o Checoslovaquia. Se cree que Benítez amasó una fortuna personal que oscila entre 500 000 y un millón de dólares. Su hijo, Manuel Benítez Valdés, oficial en la región de Pinar del Rio, estaba involucrado en el negocio. Según Laura Margolis, directora del JOINT en La Habana, la mayoría de los “majers” se hallaban en el mismo Berlín. Refugiado en Miami y responsable de una estación de radio anticastrista, el hijo de Benítez reconoció que su padre pudo haber desviado ese dinero, pero que “ello había permitido salvar vidas”!

*- La reproducción perfecta, también sobre tela, tiene las dimensiones exactas del original (Diáspora, óleo sobre lienzo, 94 x 96,8 cm). Según testimonios del primer comprador–coleccionista y de familiares cercanos del pintor, el tema del cuadro cuyo título real es “Los Olvidados” pudo ser identificado, y se señaló como fecha de creación 1940, sin más detalles. Sin embargo, como señala Ramón Vázquez Díaz, especialista de arte cubano, “Ignoramos las circunstancias y las motivaciones precisas de ese óleo, que jamás salió de las colecciones privadas. ¿Impulso personal o realización de algún encargo? http://www.vanguardiacubana.com/articulos/Victor-Manuel-homenaje-comunidad-hebrea.htm

“En el cuadro, los protagonistas, mujeres y niños, bajaron del buque y están en tierra, lo que se contradice con los hechos.

Víctor Manuel García (cf p.374, Catálogo de la exposición “Cuba, arte e historia de 1868 a nuestros días”, Museo de Bellas Artes de Montreal, 2008): presentó su primera exposición personal en 1924. Al año siguiente viajó por primera vez a Europa. A su regreso a Cuba, en 1927, presentó una muestra personal y participó en la Exposición de “art nouveau” que marcó el inicio de la pintura moderna en Cuba. A partir de entonces es considerado como uno de los principales renovadores del arte cubano, no sólo por su obra, sino también por su influencia entre los jóvenes artistas. En 1929 volvió a Europa, viajó a España y Bélgica, y se estableció en Francia. En París realiza la Gitana tropical, obra emblemática de toda su pintura. Sus obras fueron premiadas en el Salón Nacional de Pintura y Escultura de 1935 y 1938. El Salón Anual de 1959 le dedicó una retrospectiva a guisa de homenaje. (Roberto Cobas).

Fuentes consultadas

– El documental de Maziar Bahari (1994)

– “Le débarquement interdit des juifs errants du Saint Louis», in Le Roman de Cuba, de Louis-Philippe Dalembert (Ed ; du Rocher, 2009, 271 páginas, Capítulo 17). LP. Dalembert, autor de una tesis de doctorado sobre el escritor cubano Alejo Carpentier, recibió en 2008 el Premio Casa de las Américas, la más alta distinción literaria en Cuba, por su novela Les Dieux voyagent la nuit »(Ed. Le Rocher, 2006).

– En español: – “La Comunidad Hebrea de Cuba , La Memoria y la Historia”, autora y compiladora: Margalit Bejarano Ed. Instituto Abraham Harman, Universidad Hebrea de Jerusalén, 1996, 276 p. –

– La historia del buque San Luis: La perspectiva cubana, M. Bejarano, Universidad Hebrea de Jerusalén, 1999, 32 p.
Hella Roubisek

– Juventud Rebelde: 5 de mayo de 1996, “La dramática historia del crucero”, de Ignacio Hernández Rotger (testimonio recogido en Cuba de una refugiada del buque, Hella Roubisek, en compañía de su madre. Tenía 13 años. Su padre, sin empleo, vivía en La Habana, donde había podido desembarcar un tiempo antes. Tres fotos son extraídas del libro “El viaje de los malditos”).

– de Sarusky, Jaime (1931). Las Dos caras del paraíso, Ed. Unión, La Habana, 2006” (es curioso el hecho de que Sarusky mencione la fecha “junio de 1937”). Del mismo autor: en Revolución y Cultura n°3 jul-sept 2001, páginas. 46-49, “Hebreos en Cuba”

– “Judíos”, de Ciro Bianchi Ross, en Yo tengo la historia, Ed. Unión, 2008 (páginas 270-274, sin fecha, inédito). Reproduce el error de fecha de Sarusky, pero lo corrige en su blog (en espagnol) http://wwwcirobianchi.blogia.com/2009/033003-los-peregrinos-del-san-luis.php

Fuentes web

Puede consultarse, en francés:

– Le voyage du Saint Louis: http://www.ushmm.org/wlc/article.php?lang=fr&ModuleId=98 (con 10 fotografías, 3 testimonios, plan del Saint Louis)/ Le retour du Saint Louis en Europe : http://www.ushmm.org/wlc/article.php?lang=fr&ModuleId=152 ( 6 fotografías)/ Le destin des passagers du Saint Louis: http://www.ushmm.org/wlc/article.php?lang=fr&ModuleId=180

– (también) http://fr.wikipedia.org/wiki/Saint_Louis_(paquebot)

Sobre el libro de Mme Diane Afoumado : http://ares-assoc.net/spip.php?article24
http://www.reseau-terra.eu/article449.html
http://www.crif.org/?page=articles_display/detail&aid=5876&artyd=8

Igualmente : http://www.sinoue.com/livres/14-un_bateau_pour_l-enfer.php

Sobre la historia general de «Juifs à Cuba, de Colomb à Fidel », puede consultarse, de Martial Leduc (19 juillet 2009) sur: http://viktor.dedaj.perso.neuf.fr/spip.php?article872

En español

http://www.fmh.org.ar/revista/18/lahist.htm

El trabajo más reciente sobre “Los hebreos en la Habana” Vieja”: http://revistas.mes.edu.cu/elibro/libros/300/978-959-16-1084-3.pdf (o versión html)
http://www.ushmm.org/shared/search/searchresults.php?cx=008795841384874293445:jtbtbquu4k8&sa=Search&cof=FORID%3A11&q=saintLouis
http://www.cubaenelmundo.com/Articulos/barcosanluis.htm
http://www.fmh.org.ar/holocausto/holocaustoycultura/cine_elviaje.htm

Sobre el Hotel Raquel y el cuadro Los Olvidados, de Victor Manuel:
http://www.opushabana.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=330&Itemid=43
http://www.opushabana.cu/index.php?option=com_content&task=view&id=273&Itemid=43

Otras fuentes

– Diane Afoumado, Exil impossible. L’errance des Juifs du paquebot St. Louis, ed. L’Harmattan, Paris, 2005, con prólogo de Serge Klarsfeld. Esta investigación –la más rigurosa- sobre el periplo de los pasajeros del St. Louis está basada fundamentalmente en materiales de archivos norteamericanos y alemanes hasta entonces no explorados. Diane Afoumado es doctora en historia. Fue profesora en la Universidad Paris X-Nanterre.

– de Gilbert Sinoué, Un bateau pour l’enfer, 2005. G.Sinoué (1947) es autor de una veintena de novelas históricas para el público en general. Es guionista y dialoguista. Sitio oficial : http://www.sinoue.com

– Les juifs à Cuba : 1492-2001, de Richard Pava. Editorial du Petit Véhicule, Nantes, 2001.

– Tropical Diaspora. The Jewish Experience in Cuba de M. Levine Robert. University Press of Florida, 1993.

– Le voyage des damnés/ Thomas Gordon, Morgan Witts. Ed. Belfond, Paris, 1976, 320 pages, traducido por Marianne Véron, fotografías fuera del texto.

Para más información en español (fuentes cubanas)

– La revista semanal cubana Bohemia publicó en su Nº24 del 11 de junio de 1939 un reportaje de Antonio Ortega que lleva por título “A la Habana ha llegado un barco…”, con fotos de los pasajeros del Saint Louis.

– Bohemia, La Habana, nº 51 (9), abril de 1999, páginas 22 – 23, Marta Matamoros, “Hebreos en Cuba”.

– La Isla elegida: Los Judíos en Cuba, de Maritza Corrales Capestany (1948), Editorial Ciencias Sociales, La Habana, 2007.

– de Sabater, Miguel. Los judíos en Cuba, en Palabra Nueva, “Revista de la Arquidiócesis de La Habana”, Nº. 155, septiembre de 2006 (páginas 20 – 24) y Nº156, octubre de 2006 (páginas 18 – 23). http://www.palabranueva.net/

Fuente: Le drame du paquebot Saint Louis à La Havane (mai 1939) : Une page de honte de l’histoire des USA, et donc de Cuba aussi.

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