Desvelan el misterio del submarino británico HMS Urge, que desapareció sin dejar rastro en la IIGM


 
Han pasado 73 años desde que el submarino N 17 HMS Urge, una nave que fue sufragada directamente por el pueblo británico mediante rifas, bailes y partidos de fútbol, zarpó del puerto de Malta rumbo a Egipto en plena Segunda Guerra Mundial. Y han pasado exactamente la misma cantidad de años desde que desapareció sin dejar rastro por causas desconocidas dando lugar a uno de los misterios más destacados de la contienda. Al menos hasta ahora pues, como explican varios diarios internacionales como el Daily Telegraph, sus restos habrían sido encontrados cerca de Libia.

El encargado de hallar –presuntamente- los despojos del HMS Urge ha sido un belga de 76 años llamado Jean-Pierre Misson, quien ha señalado que se encuentran a tal profundidad que será muy difícil llevar hasta el pecio una expedición. A su vez, el buceador a afirmado que, en base al estado de los restos y a las teorías existentes sobre su desaparición, cree que podría haber sido enviado hasta el fondo del mar por un biplano italiano mientras navegaba en superficie. Con todo, sus palabras no parecen ser suficientes para los expertos y los familiares de los 29 tripulantes y 10 pasajeros que iban a bordo, los cuales han declarado su reticencia a creer, sin pruebas más concluyentes, esta teoría.
Un misterio con 73 años

El HMS Urge fue un submarino de la clase «U» construido en 1940 gracias al esfuerzo económico de la población de Bridgend (sur de Gran Bretaña). Y es que, este sumergible fue sufragado por el gobierno –como tantos otros- a base del dinero recaudado en la región mediante bailes, exposiciones de arte y partidos de fútbol. Su elaboración costó nada menos que 300.000 libras (actualmente 12 millones de libras, unos 16 millones de euros). Así con todo, parece que a los habitantes de esta ciudad no les importó y que, incluso, cogieron cariño a la nave, pues adoptaron» a los 29 tripulantes del buque y les mandaron durante la contienda desde paquetes de comida, hasta algún que otro cigarrillo.

A los pocos meses de ser botado, en verano de ese mismo año, el submarino fue enviado al Mediterráneo, donde su tripulación se encargó de hundir, desde su base en Malta, los barcos mercantes italianos. El objetivo era sencillo: bloquear las líneas de suministros de Rommel y su Afrika Korps ubicados en el norte de África.

La historia de este buque, sin embargo, se tornó negra el 27 de abril de 1942, día en que el capitán del submarino, el teniente primero E.P. Tomkinson, dio orden de partir del puerto de Malta y viajar hasta el de Alejandría (Egipto), donde planeaban llegar el 6 de mayo. Una misión, en principio, nada extraña para los 29 tripulantes y los 10 pasajeros que se hallaban en el HMS Urge. Y es que, tras informar de su partida, el buque desapareció en el Mediterráneo misteriosamente, y sin que se hiciera transmisión alguna desde su interior.

Tras esperar un tiempo prudencial, las autoridades británicas iniciaron una búsqueda del navío, aunque sin ningún éxito. Se le dio por perdido. Con el paso de los meses, se barajaron varias teorías entre las que destacó la que afirmaba que había chocado contra una mina cerca de Malta. Otros expertos señalaron, por su parte, la posibilidad de que se hubiera encontrado dos días después de partir con tres navíos alemanes escoltados por un biplano italiano Fiat CR.42. Éste, le habría enviado al fondo del mar al hallarse en superficie.

No se logró confirmar ninguna de las opciones y, finalmente, se dejó anquilosado este misterio para dolor de los familiares de los tripulantes.
¿Un paradero desvelado?

Su situación permaneció en incógnita hasta que, en 2012, Misson descubrió los restos del HMS Urge en Ras el Hilal (cerca de la costa de Libia) con la ayuda de un sistema SONAR. Sin embargo, por entonces la zona se hallaba en guerra y no pudo confirmar los datos encontrados, algo que si pudo hacer (con riesgo) el pasado abril a pesar de que la región está dominada por los terroristas del Estado Islámico. Con todo, el belga no cree que el pecio pueda volver a ser explorado en mucho tiempo: «No hay ninguna posibilidad de volver, el lugar es demasiado profundo y difícil de encontrar».

El que Misson afirme que es imposible regresar a la zona ha provocado el recelo de los descendientes de los tripulantes, quienes han señalado al Daily Telegraph que, aunque tienen «la mente abierta», necesitan más pruebas para dar por encontrados a sus familiares.

«Algunos historiadores respetados cuestionan esta nueva investigación y el informe presentado, además de las imágenes del SONAR, que no son concluyentes. Las familias tendremos que esperar unas pruebas más claras y recordar que la tripulación dio su vida para que nosotros disfrutásemos hoy en día de ella», ha determinado Francis Dickinson, nieto del fallecido capitán.

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