Una visión de Churchill y Franco como jefes militares


Churchill, muy aficionado a las empresas bélicas, tuvo una carrera militar mediana, pero su interés radica más bien en su papel de dirigente político-militar durante las dos guerras mundiales. En la primera desarrolló una intensa actividad de organización y promoción de nuevas armas y  también el desgraciado desembarco en Galípoli, en febrero de 1915,  en el cual los turcos, asesorados por alemanes, frustraron la operación francoinglesa, a la que ocasionaron 300.000 bajas. La insistiencia de Churchill en una empresa  condenada al fracaso le valió el apelativo de “Carnicero de Galípoli”. En mayo del mismo año un submarino alemán hundió el transatlático inglés Lusitania, ahogándose 1.200 personas. Churchill sería acusado de haberlo dejado sin debida protección, a fin de generar en Estados Unidos una corriente de opinión  favorable a atacar a Alemania. Fuera o no el propósito,  dicho hundimiento tuvo ese efecto, dos años después.  

Durante la II Guerra Mundial, la acción de Churchill como jefe militar se centró en resistir hasta conseguir arrastrar a EEUU a la guerra. Sus planes y acciones militares como Primer Lord del Almirantazgo y luego como primer ministro se saldan con grandes fracasos en Noruega y Francia, aunque el triunfo en la batalla de Inglaterra le permitió un respiro. También fracasó en los Balcanes y en Creta y  reiteradamente en el norte de África frente  a tropas alemanas muy inferiores materialmente. Su muy precaria situación mejoró radicalmente, no gracias a EEUU, sino a la URSS, que fue capaz de derrotar sin ayuda a la Wehrmacht en diciembre de 1941. Ese mismo mes entraría EEUU en guerra, y la situación para Churchill mejoró absolutamente. Desde entonces, aunque con grandes dificultades, la acción conjunta del Imperio británico, la URSS y EEUU acabaría derrotando a la Alemania nazi.   Entre tanto, las tropas británicas habían sufrido también grandes reveses en Extremo Oriente,  donde  unos 30.000 soldados japoneses capturaron Singapur, defendida por unos 100.000 ingleses y australianos. En relación con los avances japoneses por Birmania  se produjo la desastrosa hambruna de Bengala, achacada a las medidas inglesas de tierra quemada, y que habría causado entre 1,5 y 3 millones de muertes. 

En conjunto, y como jefe militar, Churchill sufrió tremendas derrotas y ciertamente nunca habría vencido a Hitler sin la decisiva contribución de EEUU y, sobre todo, de la URSS. Su conducción tiene rasgos de crueldad manifiestos en los bombardeos masivos sobre la población civil alemana (más del doble de las víctimas totales de la guerra civil de España en 1939) o consecuencias indirectas como la hambruna de Bengala. Su gran éxito fue, hasta cierto punto, el reembarque de tropas en Dunquerque y sobre todo la batalla aérea sobre Inglaterra, que libró a la isla de una invasión. Las victorias de Montgomery en el norte de África no fueron especialmente meritorias, dada su abrumadora superioridad de fuerzas. A pesar de todo ello, la figura de Churchill como jefe político-militar suele ser muy ensalzada, posiblemente más que por sus méritos, por haber resistido a Hitler y haber entrado finalmente en el número de los vencedores, aun si con el país endeudado, empobrecido y en vísperas de perder su imperio.  

Es curioso que, por el contrario, se califique a Franco de general mediocre y cruel o, como mucho, de buen profesional. Curioso porque prácticamente ganó todas sus batallas y además la guerra, sin contar sus actuaciones en Marruecos. Aunque la escala de la guerra de España y la de Europa es muy distinta, con todo, la primera duró casi tres años y movilizó ejércitos de más de un millón de hombres por cada bando. Franco partió de una inferioridad material casi desesperada, en la que muy pocos generales habrían osado mantener la lucha, y la terminó con extraordinaria elegancia, sin disparar un tiro para rendir a más de medio millón de soldados enemigos. Estas hazañas no pueden predicarse de ningún otro dirigente militar o político-militar de su época en Europa ni probablemente en el mundo; ni los jefes alemanes, los rusos o los anglosajones, desde luego. Definir a Franco como mediocre solo puede hacerse desde una mediocridad intelectual extrema. Además derrotó el maquis, guerra de guerrillas comunista de una peligrosidad extrema en un país por entonces aislado y amenazado internacionalmente, con hambre y miseria y resentimientos populares por la represión: otra guerra semejante, en Grecia, obligó a intervenir y a tirar la toalla a Inglaterra (la resolvería luego la intervención de EEUU). En cuanto a la crueldad, sin duda alguna lo fue mucho menos que Churchill o Roosevelt, no hablemos ya de Stalin o Hitler. 


Extracto del artículo homónimo de Pio Moa.

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