Cuando rusos y nazis lucharon, y desfilaron juntos en Polonia


El primero de septiembre de 1939 comenzaba la invasión nazi de la parte occidental de Polonia, que daría paso dos semanas después a la invasión soviética de la parte oriental del país. El 23 de agosto El ministro soviético de Asuntos Exteriores Mólotov firma ante su homólogo alemán, el nazi Ribbentrop, el Pacto Germano-Soviético, un tratado de no agresión entre ambos país y que fue realizado el 23 de agosto de 1939 en Moscú, en presencia de Stalin. Un mes más tarde la Alemania nazi invadía Polonia.
Hitler y Stalin habían firmado el pacto secreto del que ya hablé aquí en noviembre de 2007 y que implicó, entre otras cosas, cientos de torturas y asesinatos en el Partido Comunista francés de afiliados que se opusieron a la invasión nazi de su país contra las consignas de colaboracionismo dictadas por Stalin. Tan poco conocido como este dato es otro, y es que los nazis llegaron a combatir e incluso a desfilar junto a los soviéticos en Polonia.
Los hechos empezaron el 14 de septiembre de 1939, cuando el general alemán Heinz Guderian, uno de los teóricos de la blitzkrieg entonces al mando del XIX Cuerpo de Ejércitos, empezó el ataque sobre la ciudad de Brest, hoy situada en Bielorrusia, muy cerca de la frontera con Polonia. La guarnición polaca que se hallaba en la fortaleza de esa ciudad ofreció una dura resistencia a los alemanes, que tuvieron que recurrir a un ataque combinado de infantería, fuerzas acorazadas y artillería para rendir a los polacos, en una acción por la que Guderian fue condecorado con la Cruz de Caballero de la Cruz de Hierro.
El 17 de septiembre los soviéticos iniciaron su invasión de la parte oriental de Polonia. El general ruso Semyon Krivoshein acudió a Brest con su 29ª Brigada de tanques ligeros -equipada con T-26– a apoyar el ataque alemán contra la guarnición polaca, entrando en contacto con algunas unidades alemanas el día 20. Krivoshein tenía órdenes de alimentar bien a los soldados alemanes, a los que despidió enviando un caluroso saludo a su general.
Al día siguiente se encontraron Guderian y el general ruso. Dos días después nazis y soviéticos celebraron juntos la victoria sobre los polacos en Brest con una insólita parada militar conjunta en esta ciudad, cuyas imágenes podéis ver sobre estas líneas. Ironías de la vida, Krivoshein era de familia judía y había combatido en España en 1936 del lado republicano con una unidad de tanques ligeros soviéticos.
Soviéticos y alemanes confraternizaron ese día en la medida en que se lo permitió la barrera del idioma. Las imágenes de la contraternización fueron oportunamente difundidas por los servicios de propaganda de ambos bandos para demostrar la buena sintonía entre la Alemania de Hitler y la URSS de Stalin. Sus comandantes, además, demostraron hasta qué punto los dos estados totalitarios se burlaban de esa Europa democrática que había optado por apaciguarlos. Y es que después del desfile soviético-alemán en Brest, Krivoshein no sólo felicitó a Guderian por la invasión conjunta de Polonia, sino que además -cumpliendo órdenes, por supuesto- se ofreció a dar la bienvenida a la Wehrmacht en Moscú después de su victoria futura sobre el Reino Unido. Una muestra de hasta qué punto Stalin se sentía aliado de Hitler hasta que se desengañó cuando las tropas nazis invadieron la URSS.
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