Rudolf Hess, enigma y lealtad


La lealtad es cumplimiento, lo que exigen las leyes de la fidelidad y las del honor

 
Rudolf Walter Richard Hess, o Rudolf Hess, nació en 1894 en Alejandría, Egipto; formado al igual que su padre en  Ciencias Políticas y Comercio; al estallar la I Guerra Mundial no duda en aceptar la llamada que le hace la patria y se alista como voluntario, recibiendo la Cruz de Hierro. Al acabar la contienda se alista en los Freikorps y sigue luchando por su patria, aún ya rendida, que no vencida.
 
Poco más tarde conoce a su gran amigo y líder, al que ayudaría a escribir Mein Kampf en la prision de Landsberg el fallido Putsch de Munich. Al salir pudo dedicarse a los negocios familiares, pero prefirió continuar su actividad política.
 
Por méritos propios, llega a ser en 1933,  jefe del NSDAP y Ministro de Estado, convirtiéndose en el perfecto número dos que Adolf Hitler necesitaba para llevar a término su proyecto político. Siendo el fiel y leal lugarteniente del Führer hasta que dos años del comienzo de la II Guerra Mundial, en un viaje en principio secreto para pactar la paz con el Reino Unido, voló en solitario a Escocia,,donde fue arrestado hasta que murió en agosto de 1987, en la solitaria prision de Spandau. Fue juzgado por crímenes ocurridos en Alemania de la que estuvo ausente, y por una guerra que trató de evitar. Esta sería su declaración final ante el tribunal militar:
 
El destino me ha permitido colaborar durante muchos años con el hijo más grande que mi pueblo ha tenido en su milenaria historia. Aún cuando pudiera, no borraría esta época de mi vida. Soy feliz de saber que he cumplido con mi deber frente a mi pueblo…, mi deber como alemán, como nacionalsocialista y fiel colaborador del Führer. No me arrepiento de nada. Si me hallara al principio, volvería a actuar como lo he hecho. Siento la mayor indiferencia por las decisiones de los hombres: algún día compareceré ante el Eterno para rendirle cuentas y sé que Él me perdonará“.
 
A pesar de sobrevivir durante 46 años, jamás pidió una rebaja de la condena, ni permisos ni beneficios penitenciarios, no podía ni tener papel ni pluma para escribir. Él sabía lo que había hecho y se sentía feliz por ello, lo había dado todo por Alemania e iba a dar más al mundo: un ejemplo de lealtad que no entiende de idelogías ni de credos, y es que Rudolf Hess vivió como pensó, mostrando el valor de su espíritu y el significado de la lealtad.

Hess murió en agosto de 1987 a la edad de 93 años de forma tan misteriosa como había transcurrido su vida, pues lo que para los encargados de su custodia fue un suicidio, y esa es a fecha de hoy la causa oficial de su muerte, para su familia, que pidió una segunda autopsia que dio como resultado muerte por asfixia, no fue otra cosa que un asesinato. 

Asesinato o suicidio queda para la historia la duda de si Hitler estaba al tanto de su misterioso vuelo y posterior oferta de paz. En sus memorias, ñ ayuda de cámara del Führer, sostiene que éste reaccionó airadamente cuando supo del vuelo a Inglaterra de su lugarteniente y su posterior oferta de paz, lo que hace pensar que, acorde a su enfermiza personalidad, Hess podría haber trasladado a los ingleses una propuesta que Hitler no le había pedido pero que realmente necesitaba. De ser cierta la hipótesis de Peter Padfield, la existencia de la propuesta firmada por Hitler dejaría a este como mentiroso y embaucador, cosa que no sería noticia; y por otra parte los ingleses tendrían que justificar el hecho de no haber estudiado una oferta de paz que habría evitado la muerte a millones de seres, algo que a fecha de hoy tal vez fuera aceptado por los súbditos de Su Graciosa Majestad, aunque en el momento de la oferta podría haber tenido una consideración diferente, cuando Inglaterra sufría a diario el ataque de la aviación alemana, los buques aliados se hundían víctimas de los torpedos alemanes y miles de adolescentes comenzaban los primeros entrenamientos para la operación que habría de llevarlos a morir en las playas de Normandía


Enterrado inicialmente en la localidad bávara de Wunsiedel, en julio de 2011 las autoridades municipales denegaron a la familia de Hess la prolongación del arrendamiento de su tumba para evitar que terminara convirtiéndose en un santuario nazi. Sus restos fueron incinerados y esparcidos en el mar, que desde entonces guarda celosamente su secreto junto a otros muchos misterios sin desentrañar.

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