Félix Kersten:  el médico de Himmler que salvó a miles de personas del exteminio nazi


Félix Kersten fue el médico personal de Heinrich Himmler, quien fuera comandante supremo de las SS y responsable de la muerte de millones de personas durante la Alemania nacional socialista.

Kersten, el hombre que logró influir en Himmler, fue un fisioterapueta finés que nació en Estonia en 1898,  y que poseyó grandes habilidades médicas.

El Congreso Judío Mundial considera que Kersten salvó sesenta mil vidas del exterminio porque se atrevió a ‘pactar con el diablo‘.

El doctor finés logró salvar la vida de los prisioneros, pidiendo a cambio de sus tratamientos la liberación  de una persona en lugar de honorarios


Himmler conoció a Kersten en marzo de 1939 en Berlín, en plena crisis por un dolor estomacal crónico, que el finés logró aliviar al instante y que motivó al jefe del cuerpo de élite nazi a solicitarle que se convirtiera en su médico personal. Sin embargo, Kersten no quería estar rodeado de nazis y solicitó a la embajada de Finlandia en Alemania que le sacaran del país, sin embargo, le persuadieron para que fuese un infiltrado en el entorno más próximo al Führer, ante lo que él horrorizado preguntó si se le pedía que pactara con el diablo: “No tiene usted elección, señor Kersten. A partir de ahora, la neutralidad es un lujo”, le contestó un diplomático finés.

En vez de solicitar honorarios, el médico entregaba durante cada sesión un papel con el nombre de un preso político al que tendría que liberarse. Su relación fue tran estrecha que durante un viaje logró confirma los planes militares secretos que transmitió a los diplomáticos y servicios secretos aliados.

Pese a que levanta sospechas entre los altos mandos de la Schutzstaffel (SS) su cercanía con Himmler lo hizo intocable.

Kersten fue convenciendo al nazi sobre la posibilidad de una derrota militar alemana durante los seis años que duró su relación y logró fungir como mediador de paz entre la Cruz Roja y el delegado de Hitler para aplicar la “Solución Final”, ó que no se dinamitaran los campos de concentración y que no se eliminara a ningún judío más, además de permitir el acceso a ayuda humanitaria para los prisioneros.

Felix Kersten se trasladó a Estocolmo, donde fue tratado como criminal de guerra hasta que una comisión de investigación restauró su nombre en 1949 y pudo nacionalizarse en 1953, falleció en 1960 de un ataque al corazón.

Holanda lo nominó ocho veces al Premio Nobel de la Paz, sin éxito, y Francia le concedió la Legión de Honor como título póstumo.



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