El Sonnwendfeier: la sustitución de la Navidad según los nazis.


Durante toda la Historia los movimientos revolucionarios han procurado eliminar, utilizar o convertir las tradiciones y costumbres para adecuarlas al nuevo mundo que pretendían dar a luz. Esta situación se ha repetido en Europa especialmente desde la Revolución Francesa y la profusión del nacionalismo en los siglos posteriores. En el caso de los totalitarismos en los cuales el estado pretendía controlar cada circunstancia de los ciudadanos dichas tradiciones representaban una ocasión perfecta para adoctrinar y fomentar la unión del pueblo y de éste con la nación/estado/partido. El nacionalsocialismo además era una ideología plagada de mitos y símbolos cuya mística germánica pretendía sustituir progresivamente los ritos cristianos en su afán de construir el Reich de los mil años. Estos intentos de implantar ritos inspirados en tradiciones germánicas reales o inventadas se dieron principalmente en los primeros años del régimen y en especial por parte de las SS y las organizaciones civiles del partido. Es sabido que el Führer nunca mostró interés por estos aspectos culturales.

El solsticio de invierno era una fecha señalada en el calendario de romanos y celtas y en las tribus germánicas coetáneas era conocido como Modranicht. Esta fecha siempre ha tenido un gran simbolismo ya que representaba un momento clave en el ciclo anual del año. Eventos astronómicos, controlados en la antigüedad como el apareamiento de los animales, la siembra de los cultivos y la medición de las reservas entre las cosechas de invierno, muestran cómo las diferentes mitologías y las tradiciones culturales han surgido en torno a este día que muchas veces a sido identificado como el origen de la fiesta navideña para los cristianos. Una vez asimilados los ritos la Iglesia prohibió celebraciones paganas como el Sonnwendfeier (fiesta del sosticio) pero sin embargo esta tradición sobrevivió en pequeños pueblos del medio rural alemán donde los campesinos se reunián al atarceder junto a una gran hoguera en Junio y Diciembre. Análogamente en muchos lugares de España el solsticio de verano viene acompañado por un rito similar y fué asimilado dando lugar a las hogueras de San Juan.

La sustitución de la fiesta de la Navidad por el Sonnwende vino reforzada por el mito propagado por los teosofistas desde el siglo XIX de que Cristo era de origen ario pero sus ideas habian sido corrompidas y traicionadas por el pueblo judío. Muchos identificaban a Hitler como una especie de segundo advenimiento que iluminaba la salvación del verdadero pueblo elegido, que no era otro que el alemán. Estas declaraciones de Joseph Goebbels, ministro de Propaganda reflejan dicha mentalidad:

“So ist uns jene längste Nacht des Jahres, das wir Weihnachten nehnen, die Stunde der Geburt, die Stunde des jungen neuen Lebens, die Stunde des Kindes und der mütterlich gebänderen Kraft. Sie ist es dem nordisch-germanischen Menschen immer gewesen, ob auch die äusseren Formen ihrer Feier sich wandelten, ob auch der echte Sinn unter fremdem Geist manchesmal zu verschwinden drohte”.

“Por lo tanto aquella noche más larga del año, a la que denominamos Navidad, es la hora del nacimiento, la hora de la joven vida nueva, la hora del niño y de la constructiva fuerza maternal. Ésta siempre ha permanecido en el hombre nórdico-germánico aunque el aspecto exterior de la festividad cambiase, aunque el verdadero significado fuese forzado a desaparecer por un espíritu ajeno”.

Este “espíritu” no es más que el sentido otorgado a esta festividad por la mitlogía cristiana que según el nazismo corrompía el verdadero significado del solsticio como momento de renacimiento y fuerza renovadora del pueblo ario.

El día del solsticio era por tanto otro más dentro del pomposo calendario nazi. Miembros del partido y de las organizaciones derivadas se reunían en lugares dotados del misticismo adecuado para la ocasión que en contraste con las iglesias cristianas eran parajes naturales como colinas o claros dentro del bosque. Se portaban estandartes y se cantaban himnos al Führer, a los caidos y a Alemania.

Con el paso de los años esta práctica fue perdiendo el apoyo oficial de partido, especialmente con el inicio de la guerra. La invasión de la Unión Soviética era presentada en la Europa ocupada como la cruzada de la civilización cristiana contra la inevitable barbarie que vendría impuesta por los “demonios rojos”. Los funerales de los caidos en el frente venían acompañados de simbología nazi pero siempre bajo la liturgia cristiana con excepción de los SS más fanáticos. Mientras el sexto ejército sufría el brutal invierno de Stalingrado en 1942 y quedaban un par de meses para la derrota, entre combate y combate el día de Navidad fue vivido por muchos soldados en el frente con la compañia de las canciones navideñas cantadas por un coro de la Wehrmacht que según el locutor se encontraba en la ciudad del Volga y que en realidad estaba en un estudio de Berlín. El coro cantaba canciones puramente cristianas como Heilige Abend o Stille Nacht, lo cual refleja el cambio de actitud del régimen frente a la celebración de la Navidad.

Hoy en día se sigue celebrando el Sonnwenfeier por estas fechas en muchos pueblos de Alemania, la mayoría de las veces bajo el espíritu cristiano y desprovista de ninguna relación con el nazismo, aunque es inevitable que en ciertos ambientes siga celebrándose bajo el misticismo otorgado durante aquellos oscuros años.

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