Winterhilfswerk, el sistema de caridad nacional socialista alemán.


imageEl Winterhilfswerk (WHW) fue un impulso por la Nationalsozialistische Volkswohlfahrt (Nacional Popular y Socialista de Bienestar) para ayudar a financiar las actividades benéficas. Su lema era: “No se congele ni tenga hambre“.

Se desarrolló entre 1933-1945 y se diseñó para proporcionar alimentos y combustible a los alemanes.

La propaganda nazi para el referéndum del 29 de marzo de 1936, rezaba: “Ningún alemán se debe congelar. 11.5 millones de metros cúbicos de carbón han sido proporcionados para soportar el invierno. Eso es 4 veces el volumen de la gran pirámide de Keops. Esa es una de las realizaciones del Führer. ¡Déle su voto!

La Hitlerjugend y la Bund Deutscher Madel (las respectivas asociaciones de niños y niñas) fueron los más activos en la recolección de esta obra de caridad. A los donantes se les daba a menudo pequeños obsequios sin valor material en recuerdo de su gratitud.

Un típico regalo era un pequeño folleto de propaganda (un pequeño folleto, que recuerdan la época victoriana en miniatura o libros de el Winterhilfswerk; los donantes más generosos recibían mejores regalos, como insignias de solapa de una amplia variedad de temas. Algunos representaban tipos o zonas geográficas del Reich, animales, pájaros e insectos, o personas notables de la historia alemana (incluidas, por supuesto, el propio Adolf Hitler).
Se hicieron desde una variedad de materiales. Cada uno de los libros en miniatura, insignia, distintivo, conjunto de juguetes, sólo estaba disponible durante dos o tres días, por lo que la población se vería alentada a donar la semana siguiente y, en consecuencia, recoger el último distintivo que les mostraba como fieles donantes. Porque de no hacerlo, podría haber consecuencias muy molestas si no se llevaba puesta la insignia adecuada de cada martes de la semana.

Cuando el Dr. Lothrop Stoddard visitó Alemania en 1939 como reportero, escribió:
“… Una vez al mes, cada ciudad, pueblo y aldea del Reich se ven miles de camisas marrones llevar cajas rojas. Estos se ven por todas partes. No puede uno sentarse en un restaurante o la sala de cerveza sin que, tarde o temprano, un par de ellos entre sacudiendo sus cajas ostentosamente en los rostros de los clientes. Y nunca vi un alemán negarse a soltar su dinero, incluso aunque la aportación podría haber sido menos que el equivalente de un americano promedio...”

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