Magda Goebbels: la Primera Dama del III Reich


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Magda Goebbels

Magda Goebbels tenía inteligencia y refinamiento, poseía una elegancia natural; desde su infancia -y a lo largo de toda su vida- se movió en los círculos de la más alta sociedad europea; dominaba varios idiomas con propiedad y fluidez, exhibía una destacada belleza Nórdica y conocía las reglas de la etiqueta más exigente; la llamaban “La perfecta anfitriona alemana” y también “La anfitriona europea per-excellence”; fue una madre rodeada por seis maravillosos niños, libros, lujos y flores y siempre contó con innumerables admiradores y amigos.

Esta es la historia de una mujer con el carisma y el glamour de Evita Perón y con una atracción similar por el poder absoluto. Con su esposo, el Doctor Joseph Goebbels, ascendió hasta el pináculo de la jerarquía Nazi. Se suicidó junto a él en el bunker bajo la Cancillería de Berlín después de haber envenenado a sus seis hijos, mientras el Tercer Reich colapsaba en ruinas.

María Magdalena Ritschel nació el 11 de Noviembre de 1901 en Berlín. Su padre era un Ingeniero altamente calificado, urbano, elegante y de impecables modales; usaba un monóculo en su ojo izquierdo (esa suprema marca de distinción en esos tiempos). Era un hombre eminente, muy bien conectado socialmente y acostumbrado a disfrutar de lo bueno de la vida tanto en el aspecto intelectual como en el material. Su madre, de apenas 20 años, provenía de un ambiente mucho más modesto, ella no se comparaba culturalmente con su esposo y se dedicaba principalmente a llevar nítidamente el hogar; era mucho más afectuosa que él.

Tres años después del nacimiento de Magda, su padre cometió una infidelidad conyugal y su madre hizo algo extremadamente inusual en esos tiempos: presentó una demanda de divorcio. El Doctor Ritschel se mostró como el perfecto caballero que era: de inmediato se declaró culpable, reconoció el derecho de la madre a la tutela de los hijos y se comprometió a proveerlas a ambas generosamente. Con la aprobación de su esposa, él se hizo cargo de la supervisión de Magda, lo cual cumplió detalladamente hasta el día en que Magda contrajo matrimonio.

La ex-señora Ritschel, joven y atractiva, no permaneció divorciada durante mucho tiempo: dos años después contrajo matrimonio con Richard Friedländer, un comerciante multimillonario de raza judía. Así, Magda, la que sería esposa de Joseph Goebbels, el enemigo jurado de los Judíos, tuvo un padre adoptivo judío. Desde pequeña amó mucho a su padrastro, sobre todo porque él irradiaba un encanto y una calidez personal de las cuales el Doctor Ritschel carecía; además, Magda y su nuevo esposo no tenían hijos.

En su adolescencia, Magda conoció la filosofía budista de manos de su padre biológico, el Doctor Ritschel, quien se sentía muy atraído por las milenarias enseñanzas orientales. Desde entonces, y durante el resto de su vida, los pensamientos de Gautama permanecieron en su mesa de noche y con el paso del tiempo fueron profundizando en su psique.

Mientras Magda estudiaba en Heidelberg conoció al primer hombre de su vida, Günther Quandt, entonces de 37 años de edad; durante el cortejo él la atendió espléndidamente y cuando le ofreció matrimonio ella le pidió tres días para considerarlo, durante los cuales ni siquiera mencionó el tema ni con su madre ni con sus dos padres; luego de aceptar la propuesta, se los dejó saber. El era divorciado y ya tenía dos hijos (5 y 8 años), de los cuales ella se convertiría en madrastra a sus cortos 18 años de edad.

Günther Quandt era uno de los hombres más ricos de Alemania y uno de sus líderes industriales; sus negocios eran reconocidos internacionalmente y habían sido sólidamente afianzados durante tres generaciones familiares. Entre ellos la conocida marca bávara BMW.

Por ese tiempo Magda conoció a quien sería su mejor amiga a lo largo de toda su vida: Eleonore Quandt, “Ello”:

Hans-Otto Meissner escribió: “La visita al hermano de su prometido, Werner Quandt, fue para Magda una sorpresa muy reconfortante. Werner había contraído matrimonio recientemente con una mujer joven de la misma edad que Magda, Eleonore Quandt, conocida por su familia como “Ello”. Desde el momento en que ambas se miraron una a la otra, Magda y Ello sintieron una simpatía mutua la cual se desarrolló en una firme amistad que duraría por décadas, sobreviviendo el divorcio de Magda (de Günther Quandt) y prevaleciendo la prueba de su matrimonio con Joseph Goebbels, hasta el espantoso final (de Magda)”

La boda se celebró en enero de 1921 y la Luna de Miel transcurrió en Italia. Una de las exigencias iniciales de su esposo fue que se convirtiera al cristianismo protestante, a lo cual ella accedió de inmediato.

A lo largo de estos capítulos iniciales, Meissner va trazando un paralelo entre la opulencia en la cual Magda nació, creció y luego vivió con su primer esposo y la modestia (lindante en la pobreza) en la cual Goebbels vivió sus primeros años.

De este primer matrimonio de Magda nació Harold Quandt; además, adoptaron a los tres hijos de un gran amigo de Günther Quandt quienes repentinamente habían quedado huérfanos de padre y madre.

En enero de 1923, Francia invadió la región del Ruhr, argumentando que el Gobierno Alemán había fallado en cumplir a cabalidad con las obligaciones impuestas por el “Tratado de Versalles”. Una tormenta de indignación patriótica se levantó a lo largo de toda la nación, menciona que en esa época Goebbels se incorporó al Partido Nacional Socialista, luego hace referencia al “Pustch” de 1923 lidereado por Hitler.

Mientras tanto, Magda y su esposo viajaban por Europa y América, visitando en este país Philadelphia, Boston, las Cataratas del Niágara y otros lugares. En uno de estos viajes a los Estados Unidos, Magda conoció a Herbert Hoover, sobrino del futuro Presidente norteamericano (1929–1933); era un joven cuya fortuna multiplicaba sobradamente la fortuna de Quandt. Luego él viajaría hasta Alemania a proponerle matrimonio a Magda, quien declinó la oferta.

stc370036Más adelante, estando Magda (27 años) más bella que nunca y siendo una de las mujeres más elegantes y mejor vestidas en Alemania, conoció a un joven muy atractivo (a quien ella llamaba Ernest) con quien tuvo un romance; cuando Quandt la encaró al respecto, Magda tranquilamente lo admitió todo y le pidió el divorcio. Quandt le ordenó salir de su casa inmediatamente, dándole tiempo y permiso para llevarse consigo algo de ropa; además, le ordenó al personal no dejarla entrar de nuevo en casa por ningún motivo. Así, después de nueve años de matrimonio, Magda salió de su casa con un par de maletas rumbo a la casa de su madre: quien hasta hacía poco era la esposa de uno de los magnates de la industria alemana, ahora se encontraba sin nada y con el peligro de perder la custodia de su hijo.Enmedio de sus tribulaciones, Magda recordó una serie de cartas escritas nueve años antes, muy comprometedoras sobre la juventud de Quandt; ella había sido siempre muy considerada y amable con los empleados a sus órdenes y le permitieron entrar a la residencia, gracias a lo cual pudo hacerse con ellas; no está claro si jugaron un papel significativo en las negociaciones que resultaron en un arreglo de divorcio, le concedió la custodia de Harold con la única condición de que quedaría anulada si Magda contrajera matrimonio nuevamente; 50.000 marcos alemanes para comprar una nueva casa y una renta de alrededor de 4.000 marcos mensuales, además de 20.000 marcos en depósito en caso de enfermedad.

Una vez que el contrato del divorcio fue firmado, Günther Quandt, un caballero de la vieja escuela, le envió a Magda un enorme ramo de flores y la invitó al Restaurant Horcher, el más exclusivo de Berlín. Desde entonces, la relación entre ellos fue amistosa, tanto que se reunían con más frecuencia que cuando estuvieron casados.Luego de su divorcio, Magda disponía -además de su recuperada libertad- una fuerte suma mensual que le permitía vivir con holgura y con lujos; inicialmente tomó en alquiler un departamento de siete habitaciones en el Oeste de Berlin, en un vecindario muy selecto; dado que la historia del arte había sido siempre un área de estudio de su predilección, se le facilitó la compra de obras de arte y antigüedades: cuando estuvo terminado, los expertos afirmaban que difícilmente podría encontrarse un apartamento decorado con tan buen gusto en todo Berlín.

Imagen Joseph y Magda Goebbels durante su boda el 19 de diciembre de 1931

Imagen Joseph y Magda Goebbels durante su boda el 19 de diciembre de 1931

Continuó la relación con su amante pero jamás consideró contraer matrimonio con él: (a) el joven no ganaba ni un marco y (b) según el acuerdo de divorcio, al casarse de nuevo perdería la custodia de Harold.

En esos meses recibió la visita de Herbert Hoover, de quien hemos hablado antes, y ante su propuesta de matrimonio Magda le dijo claramente que ella estaba valorando su renovada libertad y que no pensaba volver a casarse; cuando salían del Club de Golf Wannesee (en donde había tenido lugar la conversación) él condujo su coche a toda velocidad, se salió de una curva y Magda sufrió una doble fractura craneal y otras heridas y contusiones, debido a lo cual permaneció varias semanas en el hospital. No se volvió a saber del pretendiente pero Günhter Quandt hizo todo lo que pudo para asegurar su recuperación.

En esa época conoció al Doctor Joseph Goebbels; Meissner describe el cómo ocurrió:

Hans-Otto Meissner escribió:(…) Un día, mientras Ernest (su amante) asistía a un Seminario, ella vió un anuncio de una concentración Nazi a realizarse en el Sportpalast y se dirigió hacia allá, probablemente para librarse del aburrimiento.La música ensordecedora, una marcha, torturaba sus oídos y las inmensas swásticas color rojo la hacían sentir incómoda. Ella sabía que el rojo era el color del proletariado con el cual, en vista de sus ingresos de 50.000 marcos anuales, ella difícilmente podría esperar encontrar lugares comunes.

Sin embargo, el orador de la noche capturó su fascinada atención: por primera vez ella vió al Doctor Goebbels, flaco y menudo, esmirriado, caminaba bajo centenares de brazos extendidos y en medio de aquel bosque de insignias. A medida que él subía a la plataforma, su minusvalía física se evidenciaba más claramente. Magda inmediatamente peribió que estaba vestido con mal gusto, su cabello descuidadamente recortado y con el cuello de su camisa desproporcionadamente ancho.

A medida que pronunciaba su discurso, sin embargo, sus ojos brillaban con una luz feroz, y chispas parecían emanar de sus agitadas manos. Su voz oscura, por momentos metálica, reforzada por los altoparlantes, parecía maravillosamente fuerte, mientras hablaba atronadoramente a la multitud de más de 5.000 personas que lo escuchaban atentamente, abajo. Su manera de hablar, elevando y disminuyendo su voz con cierta enervante monotonía, era tan inusual como el contenido de lo que estaba diciendo. Calculaba finamente las pausas y las frases, cada una de ellas apuntando hacia los puntos más vulnerables de su adversario invisible. Mientras más hablaba, más mordaz se volvía su ironía, más agudos sus sarcasmos, hasta que finalmente lo envolvía todo en un huracán de maldiciones y amenazas contra los enemigos del N.S.D.A.P. y, en un asombroso anti clímax, terminaba con un himno al Führer.

Magda siguió el discurso maravillada, con un creciente interés y con entusiasmo, -increíblemente, según le pareció luego. Ella estaba arrobada por lo que había escuchado, fascinada y extasiada. El orador la había convencido como ningún otro hombre la había convencido antes. El había logrado -como frecuentemente ocurría con sus oyentes femeninas- trabajar en sus sentimientos solamente, mientras que su intelecto estaba suspendido. El orador casi la había llevado a un estado de trance.

Pocos días después Magda se afilió al N.S.D.A.P. escasamente veinticuatro horas antes ella se hubiera reído en la cara de alguien que le hubiera sugerido que se interesaría en la política y se hubiera indignado si alguien hubiera insinuado que se involucraría con un montón de provocadores y busca pleitos como los Nazis. Sin embargo, ella se convirtió en miembro de ese mismo Partido, uniéndose al Partido Nacional Socialista del distrito de Berlín-Oeste, lo cual fastidió a sus amigos tanto como encantó a los Nazis.

Comenzó a desempeñar algunas actividades de base en las oficinas del Partido; distinguida, culta, bella, inteligente y multilingüe, Magda captó rápidamente la atención de los líderes Nazi. Goebbels se fijó en ella y le asignó el archivo de sus papeles personales, así comenzó entre ellos una relación personal cotidiana. Con el tiempo, se comprometieron y Magda ostentaba su anillo de brillantes; Magda llegó a amar a Goebbels y tomaba como una ofensa personal cualquier palabra pronunciada en su contra.

En otro pasaje, el autor relata la ocasión en que Magda conoció a Hitler:

Hans-Otto Meissner escribió:“Que el Doctor Goebbels quisiera presentar a su prometida a Adolfo Hitler tan pronto como fuera posible, era comprensible. El primer encuentro tuvo lugar en el Hotel Kaiserhof en Berlín, en donde Hitler organizaba sus cuarteles generales de vez en cuando. Desde el principio Magda trató al Führer con el mayhor respeto, experimentando en su presencia una excitación hormigueante. El la llevó inmediatamente a la arena de la discusión política, permitiéndole exponer su conocimiento y su habilidad mental. Ella frecuentemente había querido preguntarle lo que realmente quiso decir en ciertos pasajes de Mi lucha o en alguna frase en particular de sus recientes discursos.Con verdadero instinto, Magda tocó la nota exacta con Hitler. El contestó sus preguntas animadamente. Dado que ella había leído todo lo disponible acerca del movimiento Nacional Socialista, esta primera discusión en el Kaiserhof fue muy estimulante. El Führer estaba deleitado con su inteligencia, su encanto y el interés que ella mostraba en sus asuntos.

El 12 de Diciembre del ’31, Goebbels y Magda contrajeron matrimonio.

Hans-Otto Meissner escribió:La ceremonia civil fue seguida por otra en la Iglesia, como lo deseaba Magda; Ritter von Epp fue el primer testigo y Hitler el segundo. El altar fue decorado con la bandera de la swastica Nazi, envolviendo un crucifijo.La procesión recorrió ceremonialmente el trayecto entre la mansión Quandt y la pequeña iglesia y de regreso. En total hubo dieciocho invitados. (…) Atrás de la pareja caminaba Hitler vestido de civil, con la Señora Behrend, la madre de Magda, apoyada en su brazo. Harold, de nueve años de edad, en el uniforme de la Juventud Hitleriana estaba en el frente (…) lo mismo que Ello Quandt y Julius Schaub, el Asistente personal de Hitler por más de veinticinco años (…)”

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