El horror de las armas químicas en la Primera Guerra Mundial.


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El vapor se pegaba a la tierra como bruma de pantano y se dirigía a las trincheras francesas con la brisa que soplaba. Su efecto en los franceses fue una violenta nausea y desmayos, seguido por un posterior colapso. Se cree que los alemanes, que cargaron tras los vapores, no encontraron resistencia alguna, por que los franceses cercanos al frente encontraban virtualmente paralizadas.  New York Tribune 27/04/1915

 

Durante la Primera Guerra Mundial se innovó como nunca en todo tipo de armas como ametralladoras, carros de combate o diversos sistemas que llevaron a la conquista del cielo pero uno de sus aspectos claves será el uso de las armas químicas.

Armas quimicas 1ª Guerra Mundial

Será en la Gran Guerra cuando la guerra química comenzó a gran escala, aunque su concepto era anterior. En la Guerra de Secesión norteamericana (1861-1865) ya se habló de la posibilidad de utilizar proyectiles de cloro pero la idea se rechazó por considerarsela contraria a la ética de la guerra.

Alemania no tuvo esos reparos. La Convención de La Haya de 1899 decía que no se podían utilizar proyectiles con el único objetivo de expandir gas tóxico de modo que para no violarlala mezclaron un potente explosivo con un agente químico, más tarde vendría la producción de nuevos gases (fosgeno, bromuro de xileno, arsénico, ácido cianhídrico…)

químico alemán Fritz Haber

El químico alemán Fritz Haber (1868-1934)

La primera arma química que se empleó en la Primera Guerra Mundial fue el gas lacrimógeno, un gas no letal  que irritaba los ojos impidiendo la visión.

Los alemanes fueron los primeros en utilizarlo pero su poca efectividad hizo que pusiesen empeño en desarrollar un gas letal que sería lanzado con granadas de mortero. El personaje clave fue el químico judío alemán Fritz Haber -que llegaría a ser Premio Nobel de Química en 1918– y se apostó por el uso de cloro y fosgeno que afectaban a la respiración y la víctima acababa ahogándose en sus propios fluidos corporales. Estando en Inglaterra en 1933, Ernest Rutherford se negó a estrecharle la mano a Fritz Haber por su implicación en el desarrollo de armas químicas durante la Primera Guerra Mundial

El cloro lo usaron los alemanes por primera vez en la Batalla de Ypres en 1915. Esperaron a que el gas soplara hacia los franceses para evitar dañar a sus propias tropas y consiguieron una gran efectividad psicológica provocando la huída despavorida de los franceses ante la nube amarilla.

Batalla de Ypres 1915

Batalla de Ypres 1915

A partir de Ypres ambos bandos empezaron a utilizar estos agentes químicos. Fue una carrera a ver quien creaba un arma más dañina.

Los proyectiles de artillería de 75 y 155 milímetros ofrecían un largo alcance y la capacidad de transportar gran cantidad de agentes químicos hasta las trincheras enemigas pero el problema es que se necesitaban cientos de ellos para crear una nube.

Fritz Haber de nuevo dio con la clave: Introducir el cloro en un cilindro permitía lanzar mucho más gas que en un proyectil más pequeño y además podía compartir el espacio con explosivos y de paso evitar que un repentino cambio del viento hiciera que las propias tropas murieron asfixiadas; los proyectiles caían con un ruido sordo en lugar de explotar, y por este motivo los soldados creían que eran proyectiles explosivos o de fragmentación estropeados, y no detectaban el gas ni tomaban precauciones frente a él antes de que éste hiciese su efecto. Fue efectivo aunque supuso una violación flagrante de la Convención de La Haya.

La primera protección contra los gases llegó en 1916, en forma de una primera máscara que no era más que un trozo de gamuza empapado en un agente químico.

Primera máscara de gas

El amoniaco y otros productos contenidos en la gamuza neutralizaban el ácido, pero la tecnología mejoró rápidamente proporcionando a los soldados máscaras más efectivas. Eran máscaras con filtros de carbon que llevaban a la espalda para neutralizar el veneno.

El diseño tenía una capucha que se colocaba sobre la cara, cristales para proteger los ojos y un tubo que iba conectado a una lata que iba dentro de una mochila y que permitía filtrar el aire en su interior.

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Pero estas aparatosas máscaras disminuían la efectividad de los soldados dificultandoles la movilidad, y la puntería, además no les protegían del conocido como gas mostaza que se introdujo en 1917 al ser sintetizado por Wilhelm Steinkopf, y que no era un gas sino un líquido pegadoso y persistente que no era letal pero si provocaba ampollas en la piel y las membranas mucosas, lo cual suele conllevar consecuencias como la muerte por asfixia agónica. Tras su introducción los soldados tenían que protegerse además, con prendas impermeables. Los regimientos escoceses fueron especialmente vulnerables al gas mostaza, ya que llevaban falda en vez de pantalones, con lo que la posibilidad de sufrir quemaduras aumentaba considerablemente.

El balance final del empleo del gas como arma, no ofreció una ventaja estratégica clara auqnue causó gran sufrimiento pero no fue decisivo ya que representó menos del 1 por ciento de la mortalidad en la guerra. El empleo de armas químicas dejaría huella en el diseño de estratégias y equipamiento de cara a la Segunda Guerra Mundial, que entre otras cosas, haría cargar a las tropas alemanas con la incomoda máscara que al final se empleo muy poco.

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