La desconocida relación de Hitler con las iglesias católica y protestante.


“El Gobierno Nacional considera como su deber principal revivificar en la nación el espíritu de unidad y cooperación. Preservará y defenderá aquellos principios básicos por los cuales fue edificada nuestra nación. Considera la Cristiandad como la fundación de nuestra moralidad nacional, y la familia como la base de la vida nacional”. Adolf Hitler.

LA IGLESIA CATÓLICA ROMANA EN LA ALEMANIA NAZI

cardenal arzobispo de Múnich Michael von Faulhaber (1869-1952)

cardenal arzobispo de Múnich Michael von Faulhaber (1869-1952)

La Iglesia Católica no se dividió entre facciones ideológicas diferentes tan drásticamente como la Iglesia Protestante, y nunca sufrió una Kirchenkampf interna entre esas partes. Desde un principio, los líderes católicos fueron más recelosos del nacionalsocialismo que los protestantes. El nacionalismo no estaba tan profundamente arraigado en la Iglesia Católica alemana, y el anticatolicismo exacerbado de personajes como el ideológo nazi Alfred Rosenberg, planteó un problema entre los líderes católicos de Alemania y el Vaticano. Además, el partido Centro Católico había sido un aliado clave del gobierno de la coalición en la República de Weimar durante la década de 1920, estando alineado tanto con los socialdemócratas como con el Partido Demócrata alemán izquierdista, enfrentándolo políticamente contra los partidos de derecha, como el nacionalsocialista.

De hecho, antes de 1933, algunos obispos les prohibieron a los católicos de sus diócesis que se afiliaran al partido nazi. Esta prohibición quedó sin efecto después del discurso de Hitler del 23 de mayo de 1933 ante el Reichstag, en el que describía al Cristianismo como el “cimiento” de los valores alemanes. El partido Centro se disolvió en 1933 como parte de la firma de un concordato entre el Vaticano y representantes del gobierno nazi, y varios de sus líderes fueron asesinados en la purga de la Noche de los cuchillos largos en julio de 1934.

En Roma, la Santa Sede no creía ni se fiaba de Hitler, pero se encontraba en la difícil situación de no poder rechazar, porque se trataba de un Concordato muy favorable. Por tanto, la Santa Sede, aún no fiándose para nada de Hitler, firmó el Concordato. En la Curia romana sin embargo todos sabían que Hitler no observaría ni respetaría el concordato. A pocas semanas de la conclusión del concordato, el cardenal Eugenio Pacelli, futuro Pío XII, secretario de Estado, a la pregunta del diplomático británico: «¿Respetará Hitler el concordato?», respondió: «Absolutamente no, podemos sólo esperar que no viole todas las cláusulas a la vez». Y en efecto, inmediatamente después de la firma, empezó la persecución de los católicos. Para defender a los católicos, la Santa Sede envió al Gobierno más de 50 protestas (cuyos textos se encuentran en el libro «Der Notenwechsel Zwischen Dem hailigen Stuhl Und Der Deitchen Reichsregierung» («El intercambio de notas diplomáticas entre la Santa Sede y el Gobierno del Reichstag – de la Ratificación de Concordato del Reich hasta la encíclica “Mit Brennender Sorge”»). (Matthias- Grunewald- Verlag – Mainz 1965).

616yRBAQO7LEl 21 de marzo de 1937, Domingo de Ramos, en todas las iglesias de Alemania se leyó la encíclica del Papa Pío XIMit Brennender Sorge” (Con ardiente preocupación). Con el tiempo se ha sabido que fue el cardenal de Munich, Michael von Faulhaber escribió con todo secreto el texto de la encíclica, lo escribió todo a mano para no dictarlo a nadie y mantener el secreto. El texto definitivo de la encíclica fue firmado por el Papa Pío XI el 14 de marzo de 1937. Mediante valija diplomática, algunos ejemplares impresos fueron enviados al nuncio en Berlín, quien a su vez los pasó al obispo de Berlín y desde allí correos secretos los entregaron a todos los obispos alemanes. Con el mayor secreto secreto, los textos fueron distribuidos a todos los párrocos, a los capellanes, a los conventos y la encíclica fue leída en todas las iglesias alemanas el día 21 de marzo de 1937.

Es la más dura crítica que la Santa Sede haya expresado jamás respecto a un régimen político. Es profético el pasaje en el que explica que la separación de la fe y la moral lleva a la decadencia y la guerra.

El lenguaje era claro y explícito:Hitler estaba engañando a los alemanes y a la comunidad internacional. La encíclica afirmaba que “el Führer era pérfido, no fiable, peligroso, alguien que quería sustituir a Dios”. La reacción de los católicos fue entusiasta, mientras que la reacción de Hitler fue furibunda. Se cuenta que Hitler durante tres días estaba tan fuera de sí que no quiso ver, ni recibir a nadie.

Papa Pío XI

Papa Pío XI

La Gestapo fue informada el sábado por la tarde por un empleado de una imprenta que la encíclica había sido impresa, pero ya era demasiado tarde detener parar el asunto, y no se atrevieron a entrar en las iglesias porque esto habría suscitado una revuelta. Aunque el domingo por la mañana en las puertas de las iglesias había agentes de la Gestapo, para ver si la gente tenía un texto impreso en la mano, y si alguien era sorprendido en posesión de un texto impreso era denunciado y arrestado. Las doce imprentas fueron confiscadas sin ningún reembolso y algunas personas acabaron en prisión

La comunidad internacional reaccionó de manera entusiasta. Las comunidades judías estaban contentísimas porque aquella encíclica era la más dura condena del racismo. Todos los periódicos judíos del mundo manifestaron entusiasmo por todo lo que había hecho la Santa Sede. Aunque en 1938, a pesar de que el pontífice había declarado que Hitler no era de fiar, en la conferencia de Munich, Inglaterra, Francia e Italia firmaron un acuerdo con el régimen nazi.

 

¿Cuáles son las partes más significativas de la encíclica?

La Mit Brennendere Sorge tuvo un valor no sólo simbólico, está basada en principios de la ley natural y de la fe, es profética y también sirve para situaciones que vivimos en la actualidad; tiene un valor permanente. Si uno no se atiene a la ley natural, ni a la fe, cae en la decadencia y la historia ha probado ampliamente que esto crea disturbios continuos en el orden internacional.

En la primera parte de la encíclica se hace una historia del Concordato y se subrayan las continuas violaciones respecto a la Iglesia Católica y su fieles. Hay una parte de la Mit Brenneder Sorge que denuncia el neopaganismo nazi.

Quién con indeterminación panteísta identifica a Dios con el universo, materializando a Dios en el mundo y deificando el mundo en Dios, no pertenece a los verdaderos creyentes”.

La encíclica condena la concepción racial del nazismo, que “diviniza con culto idolátrico la tierra y la sangre” y “pervierte y falsifica el orden creado e impuesto por Dios“. El documento pontificio subraya:

el error de hablar de un Dios nacional, de una religión nacional y el intento de aprisionar en los límites de un solo pueblo, en la estrechez étnica de una sola raza, a Dios creador del mundo ante cuya grandeza las naciones son pequeñas como gotas de un cuenco de agua“.

concordato-1933Es muy fuerte la denuncia de la encíclica respecto al intento de Hitler de erguirse como Dios de Alemania. La Encíclica Mit Brennendere Sorge recuerda que la religión católica “está sufriendo violencia tan ilegal como inhumana“, y habla claramente de “tentaciones satánicas para hacer salir de la iglesia a los fieles“. Explicita también la condena de quien intenta construir “una iglesia alemana nacional“.

Las fórmulas más duras contra el nazismo son de Pacelli y Hitler lo sabía, de aquí la furia contra Eugenio Pacelli. Hitler consideraba a Pacelli su enemigo número uno y temía su poder moral.

Sobre las revelaciones publicadas por el diario italiano La Repubblica del 29 de marzo de 2010, según el cual los documentos de archivo de la antigua Alemania del Este (RDA) sostienen quePacelli era el peor enemigo de los nazis y que quién montó la campaña de calumnias contra Pío XII fue la Unión Soviética”.

Aunque estas revelaciones no añaden nada a lo que la Santa Sede sabe, es útil para quienes han pensado y escrito que Pacelli fue nada más y nada menos que el “papa de Hitler”. Ahora hay otros documentos que prueban cuántas falsedades se han dicho sobre Pío XII. Es evidente también la responsabilidad de los soviéticos en la campaña de calumnias contra el Papa Pacelli.

 

IGLESIAS PROTESTANTES EN LA ALEMANIA NAZI

Pastor Protestante y Obispo del Reich Johann Heinrich Ludwig Müller y el Sacerdote Católico Abbot Schachleitner con Adolf Hitler en Nuremberg -septiembre de 1934)

Pastor protestante y Obispo del Reich Johann Heinrich Ludwig Müller y el sacerdote católico Abbot Schachleitner con Adolf Hitler en Nuremberg (septiembre de 1934)

La mayor iglesia protestante en Alemania en la década de 1930 era la Iglesia Evangélica, compuesta por 28 iglesias regionales o Landeskirchen que incluían las tres tradiciones teológicas más importantes que habían surgido a partir de la Reforma: la luterana, la reformada y la unida. La mayoría de los 40 millones de protestantes eran miembros de esta iglesia, si bien existían las llamadas iglesias protestantes “libres” menores, como la metodista y la bautista.

Históricamente la iglesia Evangélica alemana se consideraba uno de los pilares de la cultura y la sociedad alemanas, con una tradición teológica de lealtad al estado. Durante la década de 1920, surgió un movimiento dentro de la Iglesia Evangélica Alemana llamado Deutsche Christen (Cristianos alemanes). Los cristianos alemanes abrazaron muchos de los aspectos raciales y nacionalistas de la ideología nazi. Cuando los nazis llegaron al poder, este grupo procuró crear una “iglesia del Reich” nacional y propugnó una versión “nazificada” del cristianismo.

Bekennende Kirche, la “Iglesia Confesionista“, surgió en oposición a los “cristianos alemanes”. Su documento fundacional, la Profesión de Fe de Barmen, declaraba que la iglesia debía fidelidad a Dios y a las escrituras, no a un Führer terrenal. Tanto la Iglesia Confesionista como los “cristianos alemanes” siguieron formando parte de la Iglesia Evangélica Alemana, y el resultado fue una Kirchenkampf, o “lucha religiosa” dentro del protestantismo alemán: un debate y una lucha constantes por el control entre los que buscaban una iglesia “nazificada“, los que se oponían y los denominados líderes eclesiásticos “neutrales” cuya prioridad era evitar el cisma religioso y cualquier tipo de conflicto con el estado nazi.

Los integrantes más famosos de la Iglesia Confesionista fueron el teólogo Dietrich Bonhoeffer, ejecutado por participar en la conspiración para derrocar al régimen, y el pastor Martin Niemöller, que pasó siete años en campos de concentración debido a sus críticas contra Hitler. Sin embargo, estos clérigos no fueron representativos de la Iglesia Confesionista; a pesar de sus ejemplos, la Kirchenkampf protestante fue principalmente un asunto interno de la iglesia, no una lucha contra el nacionalsocialismo. Incluso en la Iglesia Confesionista, a la mayoría de los líderes religiosos les preocupaba principalmente bloquear la interferencia estatal e ideológica en los asuntos de la iglesia. No obstante, de hecho hubo miembros del clero y laicos que se opusieron al régimen y lo resistieron, incluso hubo quienes ayudaron a los judíos y los ocultaron.

 

EPÍLOGO

índice 9En ambas iglesias alemanas -la católica y la protestante- había miembros, incluidos clérigos y destacados teólogos, que abiertamente apoyaban al régimen nazi. Con el tiempo se desarrollaron sentimientos antinazis tanto en los círculos protestantes como en los católicos a medida que el régimen nazi ejercía cada vez más presión sobre ellos. A su vez, el régimen nazi vio posibilidades de disenso en las críticas de la iglesia a las medidas estatales. Por ejemplo, cuando se leyó una declaración protestante desde los púlpitos de las iglesias confesionistas en marzo de 1935, las autoridades nazis reaccionaron enérgicamente arrestando por poco tiempo a más de 700 pastores. Después de que la encíclica papal de 1937, Mit brennender Sorge (“Con viva o ardiente- preocupación”), se leyera desde los púlpitos católicos, la Gestapo confiscó copias de oficinas diocesanas en todo el país.

La estrategia general de los líderes protestantes y católicos de Alemania fue la precaución con respecto a la protesta y la transigencia con el estado nazi dentro de lo posible. En ambas iglesias hubo críticas internas acerca de la ideología discriminatoria nazi y las nociones de “arianismo“, y surgieron movimientos en ambas iglesias para defender a sus miembros considerados “no arios” por las leyes raciales nazis (por ejemplo, los judíos conversos). Sin embargo, durante todo este período, casi no hubo oposición pública al antisemitismo ni voluntad por parte de los líderes eclesiásticos de oponerse públicamente al régimen por el antisemitismo y la violencia oficialmente avalada contra los judíos. Hubo católicos y protestantes que individualmente alzaron la voz a favor de los judíos, y pequeños grupos dentro de ambas iglesias que se involucraron en actividades de rescate y resistencia (por ejemplo, la Rosa Blanca y Herman Maas).

Después de 1945, el silencio de los líderes eclesiásticos y la complicidad generalizada de los “cristianos comunes” obligaron a los líderes de ambas iglesias a abordar los problemas de culpabilidad y complicidad durante el Holocausto, un proceso que continúa a nivel internacional hasta nuestros días.

 

Vídeo de Joseph Ratzinger, Benedicto XVI, frente a la metira nazi:

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