La tortura de tripular los primeros tanques.


 

Aunque el primer tanque de la Historia fue diseñado por Leonardo Da Vinci, los verdaderos carros de combate no aparecerán hasta la Primera Guerra Mundial.

Los pioneros fueron los Mark británicos que fueron utilizados por primera vez en 1916 en la Batalla del Somme. Fueron sólo 36 los tanques utilizados por lo que sólo impulsaron la idea. No sería hasta un año después en la batalla de Cambrai donde verdaderamente entrarían en acción cuando casi 400 carros rebasaron las trincheras alemanas dejando claro su potencial.

Pero, como muchas otras armas de esta 1ª Guerra Mundial, estos primeros tanques eran al menos “llamativos”. De hecho, en principio, ni sus tripulantes estaban libres de sus efectos. Agobia pensar estar enclaustrado en un espacio cerrado compartido con el motor con unos 50º de temperatura, vestidos como para ir al Polo Norte, con olor a aceite, gasolina y gases de escape. Y todo ello mientras se movían sin suspensión a 6 km/h.

La cosa se ponía peor cuando eran atacados por el enemigo, ya que el al impactar las ametralladoras enemigas el ruido resultaba atronador -unido al del motor-, saltaban fragmentos del revestimiento interior que cortaban cualquier parte expuesta de los tripulantes y que les producían frecuentes desmayos.

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