España y la Primera Guerra Mundial, neutralidades que matan.


Alfonso XIIIEspaña lleva un siglo haciendo de la necesidad virtud, y presumiendo de esa virtud, que en realidad nunca fue tal.

“Desde que comenzó el conflicto europeo, el pueblo español, como la mayoría de los pueblos neutrales, está en plena guerra civil”. Este lúcido pensamiento –de raíz noventayochista– lo escribió, desde las páginas del diario ABC, el novelista, anticlerical y germanófilo Pío Baroja. Era diciembre de 1916 y hacía ya dos años que los cañones de agosto de la Gran Guerra lanzaban morteros a discreción y sin descanso.Ver más en: http://www.20minutos.es/noticia/2072629/0/espana-neutralidad/aniversario/primera-guerra-mundial/#xtor=AD-15&xts=467263

Durante la I Guerra Mundial (1914-1918) España fue neutral. En teoría, sólo en teoría, no estaba ni a favor de los aliadosReino Unido, Francia y Rusia— ni en contra de la Triple EntenteAlemania, Imperio Austro-Húngaro e Italia—. Era, simple y llanamente, neutral.

Desde que comenzó el conflicto europeo, el pueblo español, como la mayoría de los pueblos neutrales, está en plena guerra civil“. Este lúcido pensamiento –de raíz noventayochista– lo escribió, desde las páginas del diario ABC, el novelista, anticlerical y germanófilo Pío Baroja. Era diciembre de 1916 y hacía ya dos años que los cañones de agosto de la Gran Guerra lanzaban morteros a discreción y sin descanso.

La realidad histórica, sin embargo, no es tan benévola. España fue neutral porque no pudo ser otra cosa. En 1914 era un país tocado, casi hundido, que aún se lamía las heridas provocadas por el Desastre de 1898 y la consecuente pérdida de las colonias en ultramar (Cuba, Filipinas y Puerto Rico).

ivánCuando estalla La Gran Guerra, España vive en otro mundo. Se ha llevado un bofetón impresionante en 1898, algo inevitable porque desde el momento en el que aceptó la guerra contra EEUU sabía que la iba a perder. Primero porque era un conflicto que se desarrolló muy lejos de casa y, segundo, porque carecía de una marina a la altura de las posesiones que debería haber tenido”. En 1914 España no hace más queponer en evidencia esa debilidad”, relata Fernando García Sanz, investigador científico del CSIC y autor del libro España en la Gran Guerra (Galaxia Gutenberg).

Muchas de las publicaciones de la época reflejan esa incapacidad de España para sumarse a uno de los dos bandos en lucha. Son textos que, como bisturíes, diseccionan la realidad de la época mostrando la cara más fea de un país que no hacía tanto había dominado el mundo. A comienzos del siglo XX es un país atrasado técnica y mentalmente, que contaba poco en Europa y cuyo peso diplomático era irrelevante.

España fue neutral a la fuerza. De hecho, el libro recoge varios comentarios de diplomáticos que relatan el disgusto del rey Alfonso XIII al constatar que España carecía de capacidad para implicarse en el conflicto. “Es un hombre que sube al trono con 16 años, en 1902, y no se puede decir que sea noventayochista, pero sí un rey que quiere que España vuelva a ser una gran potencia. Es su obsesión. Pero es una vocación más teórica que real, porque España no está en condiciones de ser una gran potencia, ni actúa en el escenario internacional como tal”, señala García Sanz.

 

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La neutralidad de España no fue un gesto tomado en la primera hora, sino confirmado mes a mes, año a año —la Primera Guerra Mundial no tuvo la brevedad que todos le auguraban— hasta en 27 ocasiones. “Entonces las guerras se tenían que declarar, eran procedimientos muy formales. Había que presentar una declaración expresa de beligerancia, al estilo ‘Lo pongo por escrito, con fecha y hora’. Del mismo modo, se tenía que presentar un escrito de neutralidad ante cada conflicto que estallaba. Como la guerra se prolonga y cada vez entran más países en lucha, se debe establecer legalmente la neutralidad ante cada país”.

 

BAILAR EL AGUA A TODOS

En los primeros años del conflicto España —el rey Alfonso XIII— aplica un doble juego cuyo enunciado es tan sencillo como peligroso: “Quiere ser amigos de todos y aliado de ninguno”, subraya el autor. El sistema político estaba en quiebra y, como consecuencia, los mismos partidos —el liberal y el conservador, con sus clientelas e intereses— sufren una debilidad extrema. El poder recae fundamentalmente en el rey, que hace, deshace, acierta y, muchas veces, se equivoca. Es él quien de puertas afuera defiende la más estricta neutralidad. Pero de puertas adentro baila el agua a cada país en función de las circunstancias: si está con el embajador alemán, critica sin reparos a Gran Bretaña; si se reúne con el embajador austro-húngaro pone a caer de un burro a Francia. “Era una postura muy peligrosa y hasta cierto punto ingenua porque todos los diplomáticos hablaban entre sí y se comentaban lo que les había dicho Alfonso XIII”, señala García Sanz.

E incluso si no se lo comentaban entre sí daba igual. Porque España, en esos cuatro años de conflicto, se convirtió en un colador por donde camparon a sus anchas espías de todas las nacionalidades y en el que gran parte de las comunicaciones estaban interceptadas, no importaba la supuesta seguridad de los sistemas de cifrado que se emplease. España era un país “del que todos sabían todo”. “La infiltración de los servicios secretos de los países combatientes era masiva”, recuerda García Sanz. Se interceptaban telegramas, incluidos los enviados o recibidos por el rey.

Tanto Alfonso XIII como los gobiernos son conscientes de que todas las comunicaciones de España han sido violadas tranquilamente por parte de todo el mundo y de que están en manos de las necesidades de los beligerantes”. Los franceses sabían que los alemanes les interceptaban, lo que llevaba a enviar mensajes de desinformación. “La espía Mata Hari es detenida por los franceses porque el agregado militar en Madrid manda un telegrama en una clave que él sabía que ya tenían los franceses. Descifran ese telegrama y al ver que se menciona a H21 dicen: esta es Mata Hari”, relata García.

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Botadura Conde Zubiria

La industria se abre hacia Europa durante la Gran Guerra, y crece la venta de bienes y de materias primas (foto de la botadura Conde Zubiria)

A lo largo de los cuatro años que dura la guerra España está en venta (“Lo vende todo, todo”, recalca el autor). Y sólo va a más “porque la guerra va aumentando, es cada vez más larga y las batallas cada vez más fuertes e intensas”, por lo que se necesitan materias primas de las que España está bien nutrida, como wolframio o plomo. Del drama de la guerra se benefician los que tienen relación directa con los productos que se venden. Grandes contrabandistas, como Juan March, que comerciaban además con los dos bandos.

Un país en el que se ha colocado el cartel de ‘Se Vende’ y otro en el que figura el mucho más doloroso reclamo de ‘Sin orgullo’. Porque es un país en cuyas costas se libra toda una guerra submarina a la que le importa una higa si actúan en aguas de un país neutral. “Y España no hace nada para evitar”, asegura el autor del ensayo. “España es un estado débil y un régimen político débil, y eso se nota sobre todo en el campo internacional, donde las políticas deben ser muy claras. Y eso no se da en España. Pasa, por ejemplo, con el hundimiento de barcos españoles por parte de submarinos alemanes: “Incluso los aliados pensaban: ‘¡reaccionad de una vez, actuad!’”.

Una “orgía de ganancias“. Así resumieron los coetáneos la economía española durante los cuatro años de guerra. La situación financiera del país no era ni mucho menos boyante al comienzo de la contienda, pero poco a poco, con el crecimiento de las exportaciones, el desarrollo de la marina mercante y otros sectores asociados a la economía de guerra, el escenario económico repuntó. No para todos, eso sí. Empresarios y financieros obtuvieron pingües ganancias con sus negocios (el número de bancos se duplicó en estos años y el valor de los depósitos por cuatro; como escribió el historiador Javier Tusell en su Historia de España del Siglo XX), pero no ocurrió lo mismo para los trabajadores. La inflación de los productos de primera necesidad así como el desigual reparto de la riqueza y de las cargas tributarias –en un Estado aún clientelista y caciquil– provocaron las airadas denuncias de los sindicatos de clase y las asociaciones obreras. Todo este “milagro” económico (también ha sido denominado así) se evaporó poco después de terminar la guerra. Como señala el historiador Miguel Martorell, “el fin de las condiciones excepcionales que se habían dado” supuso un drama para España. Las exportaciones cayeron un 39 por ciento y seis mil empresas echaron el cierre. La crisis de sobreproducción trajo consigo, además, un fuerte desempleo industrial.

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La gripe española Victimas por el suceso: Entre 800.000. y 900.000 personas La gripe española (también conocida como la Gran pandemia de gripe, la Epidemia de gripe de 1918 o La gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de Influenza virus A del subtipo H1N1. Se cree que ha sido una de las más letales pandemia en la historia de la humanidad, que mató entre 100 y 200 millones de personas en todo el mundo entre 1918 y 1920. Muchas de sus víctimas fueron adultos, jóvenes saludables y animales como: el perro o el gato entre otros muchos, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, viejos o personas fuertes. La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, el 28 de mayo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, en abril de 1918. Los Aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad. Con el fin de estudiar la gripe española, los científicos han empleado muestras de tejido de víctimas congeladas para reproducir el virus. 5 Dada la extrema virulencia del brote y la posibilidad de escape accidental (o liberación intencionada) de la cuarentena, hay cierta controversia respecto a las bondades de estas investigaciones. Una de las conclusiones de la investigación fue que el virus mata a causa de una tormenta, lo que explica su naturaleza extremadamente grave y el poco común perfil de edad de las víctimas.

La gripe española (también conocida como la Gran pandemia de gripe, la Epidemia de gripe de 1918 o La gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, que no se originó en España.

La mortífera ‘gripe española‘… que no se originó en España, como país pobre, secundario y encima neutral, tuvo que enfrentarse a la mala prensa de un virus de la gripe letal.

La gripe española (también conocida como la Gran pandemia de gripe, la Epidemia de gripe de 1918 o La gran gripe) fue una pandemia de gripe de inusitada gravedad, causado por un brote de Influenza virus A del subtipo H1N1. Se cree que ha sido una de las más letales pandemia en la historia de la humanidad, que mató entre 100 y 200 millones de personas -solo en España mató a 300.000 personas– en todo el mundo entre 1918 y 1920. Muchas de sus víctimas fueron adultos, jóvenes saludables y animales, a diferencia de otras epidemias de gripe que afectan a niños, ancianos o personas fuertes.

La enfermedad se observó por primera vez en Fort Riley, el 28 de mayo de 1918. Un investigador asegura que la enfermedad apareció en el Condado de Haskell, en abril de 1918. Los Aliados de la Primera Guerra Mundial la llamaron Gripe española porque la pandemia recibió una mayor atención de la prensa en España que en el resto de Europa, ya que España no se vio involucrada en la guerra y por tanto no censuró la información sobre la enfermedad.

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El virus de la gripe que causó la mayor pandemia de la historia del siglo, se debió al virus  H1N1, hoy tan familiar, que causó cuatro veces más de fallecidos que la propia Gran Guerra, el virus provenía de las aves y llegó a los humanos de forma fatal. Las poblaciones no estaban inmunizadas contra él y los Gobiernos, inmersos en el conflicto, no tenían recursos económicos, instrumentos y tecnología como para frenar su propagación. Las autoridades españolas se afanaron para que el sobrenombre dado a la gripe de 1918 cambiara, incluso para que pasara a ser francés, pero el término acabó haciendo fortuna tal y como hoy se lo conoce. El sino de la neutralidad.

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En definitiva, España es un país que ni siquiera conoce la verdad de lo que pasa más allá de sus fronteras. Todos los diarios estaban vendidos al país que más pagase a cambio de transmitir la propaganda de la Gran Guerra en la pequeña España.

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